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Sí, Tom, la vanidad es ceniza

Tom Wolfe decía de su amigo Ken Kesey (bueno, eso de amigo es un decir), que escribía mojando la pluma en ácido lisérgico. Así lo ...


Tom Wolfe decía de su amigo Ken Kesey (bueno, eso de amigo es un decir), que escribía mojando la pluma en ácido lisérgico. Así lo describió en su libro "Ponche de ácido lisérgico". Kesey nunca aceptó el libro. Kesey era compinche de Allen Ginsberg, el de "Aullido": "?y fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo". Pues bien, ese Ken Kesey escribió One Flew Over the Cuckoo's Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco) que la hicieron película y fue donde Jack Nicholson cautivó a los cineastas del mundo interpretando al genial enredador McMurphy. ¡Qué peliculón! Pero me estoy perdiendo en el bosque de César Young. Vuelvo a Tom Wolfe. Si hubiese estudiado con nosotros en el Instituto Nacional, seguro lo hubiéramos llamado Tomás Lobo, aunque Wolfe no significa lobo, pero él actúa como un lobo. Hablo de un Tom que solo me lleva un año, cronológicamente hablando, y toda una milla en la vuelta literaria. Me tiene enredado, capturado en su novela "La hoguera de las vanidades". Donde describe a New York, como Carlos Fuentes describe la ciudad de México en "La región más transparente". Sin afeites, con todas las gamas de ambiciones, traiciones y despechos. No hace concesiones a la ciudad ni al lector. Su libro triunfa, aunque nada le sale bien a los personajes. Como todos nosotros, tienen chispas de bondad, y toneladas de mezquindad. Todo muy real, al estilo Zola, pero con trampas de angustia. Sin embargo, me mueve a escribir sobre The bonfire of the vanities el haber encontrado (ahora mismo) entre las páginas 522 y 529 de la edición Anagrama, el más festivo de los relatos de una muerte, la de un millonario en un restaurante, que si no el mejor de la ciudad, sí el más caro (de otra manera no lo hubiese visitado míster Ruskin, el exquisito difunto); allí muere de pura satisfacción contando a un periodista snob cómo llegó derechito a sus millones. Para él debe haber sido una muerte gloriosa, para el lector, un relato que es imposible no acompañar con risa. Le di gracias por el respiro. De una vez me senté a escribir esta columna, presintiendo que Wolfe va a quitarme la sonrisa con lo que falta por arder en su crepitante hoguera de vanidades.


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986148
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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