Su fuerte brazo y su astucia en el montículo le dieron a Josimar Cubilla un lugar importante en la historia de los campeonatos nacionales de la categoría mayor.
El serpentinero de 23 años de edad, que pertenece al equipo de Chiriquí Occidente, se convirtió en el vigésimo segundo pelotero que lanza un partido sin imparables ni carreras en el máximo torneo del béisbol panameño.

“Le doy gracias a Dios por permitirme lograr esta hazaña”, expresó Cubilla. “No sabía que la había logrado hasta que terminó el partido”, añadió.
No fue hasta el momento que recibió las felicitaciones de sus compañeros de equipo que se dio cuenta de lo que había logrado.
“Le agradezco a mis compañeros, a mi madre, a mis familiares y a los fanáticos por el apoyo que recibo de parte de ellos”, indicó.
La clave.
La recta, la curva y el “slider” fue el repertorio que el lanzador occidental utilizó para maniatar a la ofensiva de Darién en nueve episodios, hace dos noches, y así darle la victoria a su equipo por marcador de 1 carrera a 0.
“Uno como lanzador siempre se concentra para lanzar ‘out’ por ‘out’ y enfrentar a bateador por bateador. y así trabajé”, indicó Cubilla quien dio 17 ponches en ese encuentro.
El serpentinero, quien juega su segundo torneo mayor con Chiriquí Occidente, tiene ahora dos victorias sin derrotas. Para él esto no es resultado de la casualidad, sino del trabajo duro y de la experiencia que obtuvo durante tres años cuando estudió en el Cisco Junior College en Texas, Estados Unidos.
“Cuando estuve allá pude jugar contra equipos de otros colegios de Estados Unidos. Allí enfrenté a bateadores acostumbrados a lanzamientos con velocidades de 90 a 95 millas por hora”, recordó. “Esa experiencia me enseñó a trabajar en equipo.”
Pasión.
Un complemento a la proeza obtenida en ese encuentro, disputado en el estadio Glorias Deportivas Baruenses, es el hecho de que Cubilla es el primer lanzador que lanza un partido sin “hit” ni carrera con la franela de Chiriquí Occidente. Esto se debe a que su comprovinciano, Pedro Batista, lo hizo también pero como refuerzo del equipo de Herrera en el certamen mayor del año 2000.
“Para mí Occidente es Occidente, yo nací en esta región y cada vez que me pongo la camiseta de mi equipo lo hago con orgullo”, resaltó.
El lanzador oriundo de Puerto Armuelles se considera privilegiado por esa proeza. La que coloca su nombre en la historia de la pelota panameña.
“Siempre había dicho que quería lograr algo y esto ahora se dio. Espero seguir adelante en los torneos nacionales con la ayuda de Dios”, expresó el pelotero que está contento por esa hazaña.