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Diana, tu dolor de exiliada lo llevo conmigo como los latidos de mi corazón, siempre terco de ternura...


Diana Morán es la patria herida, es el dolor sin nombre en el costado, es la corona de espina del recuerdo, es la poesía despojada de su tierra natal. Así es esta poetisa panameña exiliada por su pensamiento radical, por su espíritu crítico. Diana no puede morir, es más no ha muerto. Diana vive en las ideas de cada panameño que lucha por un Panamá justo, por eso debemos estudiar su obra en las escuelas. Diana se debe convertir en himno, en presencia soberana. Así como Patria de Ricardo Miró se convierte en lectura obligada; así el poema Para el año 2000 debemos ser tercos es la clarinada magistral que debiera resonar en cada aula de enero a enero.

Así como el nombre de la flor que cobija este artículo, así es esta mujer vegetal perennizada en la memoria. Diana, tu dolor de exiliada lo llevo conmigo como los latidos de mi corazón, siempre terco de ternura, como tú solicitabas. Te imagino en aquellas tierras extrañas con tu angustia de patria ausente y una espada de doble filo atraviesa mis entrañas; luego te pienso en esa fortaleza moral que tú nos enseñaste con lecciones de vida y versos y una fuerza poderosa me rescata de mi angustia y me encumbra hasta la cima donde maduras en mí, latido a latido.

Diana aún vive y es presencia soberana, no la dejemos morir por la desidia, por el olvido tenaz. Ministerio de Educación, en el 2000 y siempre debemos ser tercos, para poder reafirmar nuestra identidad que se pierde, paradójicamente ahora que no hay luchas diarias por la soberanía; pero es cuando más penetración cultural hemos tenido.

La historia no puede ni debe ser olvidada. Diana Morán nos exige una actitud viril y seria ante los hechos históricos. Las clases de estas lecciones que mantienen vivos nuestros aciertos y errores como país no pueden ser reemplazadas por materias que nos convierten en mercancía, en proyectos útiles para empresarios inescrupulosos. El que olvida su historia se convierte en servil del mejor postor; se aliena a tal punto que es presa fácil de cualquier desmán, de cualquier vulgar corrupto vende patria.

Recordemos estos versos proféticos: “Quién, quién se atreve a rezar:/Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz/ -Arca de las Alianzas, Consuelo del Afligido- / el corazón agujereado/ cicatriza con verdes papelillos”.

Para siempre debemos ser tercos en el respeto de nuestra identidad.


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927985
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América