No hubo sorpresa, Los Ángeles Lakers revalidaron el título de campeones de la NBA, gracias a las carencias que mostraron en los momentos decisivos los Celtics de Boston, que no solo perdieron el anillo sino que también dejaron muchas dudas sobre su futuro.
Los Lakers, con el escolta Kobe Bryant, de líder, y la mejor versión del ala-pívot español Pau Gasol, hicieron bueno el sentir del entrenador Phil Jackson, de que "los Celtics es el equipo que mejor sabe perder los partidos en el cuarto periodo".
Como sucedió nada menos que en el séptimo y decisivo partido de las finales que ganaron (83-79), a pesar de haber estado abajo hasta 15 puntos en el marcador.
A partir de esa realidad estadística, los Lakers, como les sucedía a los Bulls de Chicago con el legendario Michael Jordan, se limitaron a aprovechar lo que el rival les ofrecía. Lograron el decimosexto título de campeones, segundo consecutivo, y se quedaron a solo uno de la franquicia de los Celtics (17).
Bryant logró su segundo premio de Jugador Más Valioso (MVP) de las finales, aunque en realidad en el séptimo partido no fue el mejor ni el más decisivo, por lo que el título debería corresponder a Gasol y al alero Ron Artest. Sin ellos los Lakers ahora no estarían celebrando el título.
Como sucedió durante la temporada regular, los Lakers no fueron el mejor equipo ni en la liga ni en la Conferencia Oeste, pero tuvieron al jugador más determinante que hay actualmente y este no es otro que Bryant, que encontró en Gasol al complemento ideal, en todos los aspectos.
En este momento no se sabe cuál será el futuro de los Celtics después que su reconstrucción rápida de los "Big Three" llegó a su final con un Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett, alejados ya de su mejor baloncesto, cuando en el 2008 lograron el título de liga al ganar a los Lakers.
Tampoco está claro qué sucederá con el entrenador Doc Rivers, que acaba contrato en este mismo mes y ya ha manifestado que tiene intención de pasar más tiempo con su familia.