Millones de mexicanos ingresaron ayer, aliviados, a una reflexión de tres días sobre su voto, tras cesar un prolongado bombardeo proselitista al que estuvieron sometidos en el camino hacia la histórica elección general del domingo.
Cinco candidatos presidenciales apagaron los fuegos de sus respectivas y por momentos agresivas campañas a la medianoche del miércoles, al comenzar una prohibición legal a la difusión de más mensajes propagandísticos.
Cerca de 59 millones de electores estarán el domingo en capacidad de votar en una primera elección presidencial plenamente independiente en siete décadas de arrolladores e impugnados triunfos de un único partido.
Los mexicanos renovaron parcialmente el Congreso Nacional y eligieron algunos gobernadores en 1997, en el primer comicio conducido por el Instituto Federal Electoral (IFE), pero la última elección de un presidente, en 1994, no fue supervisada por ese organismo absolutamente autónomo.
La elección del domingo, crucial para el proceso de consolidación democrática en la nación con la segunda economía de América Latina, después de Brasil, figurará probablemente entre las más vigiladas en la moderna historia política mundial.
Batallones de observadores, incluyendo 860 de una treintena de países y 36.700 de entidades sociales mexicanas, se sumarán a estimados 850.000 delegados de 11 partidos que vigilarán la emisión del voto en cerca de 114.000 lugares de sufragio.
El presidente Ernesto Zedillo, un economista de 47 años cuyo mandato sexenal concluirá en diciembre, instó a sus compatriotas a sufragar "con la confianza de que su voto es secreto", en mensajes que las cadenas televisivas comenzaron a difundir al entrar en vigor el silencio proselitista.