Los Mundiales de atletismo de Edmonton inauguraron el milenio deportivo con una competición de nivel notable sin reyes indiscutibles, sin récords mundiales y envuelta en olores a eritropoietina (EPO), el producto de moda entre los deportistas tramposos. La polémica en torno a la rusa Olga Yegorova recorrió de punta a cabo los campeonatos del mundo.Su estela pudo verse varios días antes de que empezara el torneo y se prolongará todavía muchos días después de su clausura.
Edmonton"01 han sido los primeros mundiales en los que se ha perseguido el uso de EPO entre los fondistas y a partir de ahora "se abre una nueva era en la que los atletas se lo pensarán dos veces antes de delinquir", según José María Odriozola, presidente de la Federación Española y experto en materia de dopaje. Yegorova, que dio positivo en un control de EPO el 6 de julio en París, fue rehabilitada por la IAAF acogiéndose a un error técnico y pudo competir en Edmonton sin trabas.Su triunfo en la final de 5.000 metros entre abucheos de los espectadores fue uno de los momentos más significativos de los campeonatos.
Como ocurrió hace cuatro años en Atenas"97, los Mundiales no han tenido récords del mundo.Ninguno de los 1.772 atletas participantes pudo llevarse el premio de 100.000 dólares reservado a quien batiera una plusmarca universal. El prodigioso registro de Michael Johnson en Sevilla"99 (43.18 en 400 metros) ha sido el único récord mundial batido en las tres últimas ediciones de los campeonatos del mundo, un hecho que podría explicarse, en alguna medida, por el rigor creciente con que se persigue el dopaje mediante controles fuera de competición.
La lucha contra el fraude, unida al habitual desprecio de los atletas vencedores hacia el cronómetro, auguran un largo periodo de sequía de récords en campeonatos del mundo, pese a la jugosa bolsa que llevan aparejada. A falta de récords mundiales, Edmonton arrojó 4 continentales, 63 nacionales, 21 mejores marcas del año y 10 récords de los campeonatos, una cosecha que subraya un elevado nivel medio pero que aumenta las sospechas sobre los métodos farmacéuticos con que se consiguieron muchos de los viejos récords.
Los Mundiales de Edmonton carecieron de reyes indiscutibles.Marion Jones fue la única atleta con dos medallas de oro (200 y 4x100), pero su insospechada derrota frente a la ucraniana Zhanna Pintusevich-Block deslució su paso por la capital de Alberta. Maurice Greene venció en la final de 100 metros pero luego decidió preservarse de una lesión que pudiera comprometer su concurso en la millonaria reunión de Zúrich (Suiza), donde ofrecerá la revancha a su compatriota Tim Montgomery.Renunció a ganar más oros en 200 y 4x100 metros.
La rumana Gabriela Szabo, campeona mundial de 1.500, concentró el foco de atención por su amenaza de no participar en la prueba de 5.000 metros en señal de protesta por la presencia de Yegorova.Cambió de opinión en última instancia y recibió un severo correctivo.No sólo fue derrotada por la rusa, sino por otras seis atletas, lo cual echó por tierra sus argumentos.
Por países, Estados Unidos fue el equipo más fuerte como en todos los Mundiales precedentes desde Stuttgart"93, pero Rusia, que en Sevilla"99 se quedó a 77 puntos de los norteamericanos, superada incluso por Alemania, redujo a sólo 17 la diferencia con la primera potencia.
La IAAF perdió la palabra "Amateur" para no chocar con la evidencia aunque conservó las siglas y a su presidente, el senegalés Lamine Diack, que continuará dos años más al frente del organismo rector del atletismo. Los Mundiales, celebrados por vez primera en Norteamérica, regresarán en 1993 a Europa (París) después de haber dejado escasa huella en un país más volcado al fútbol americano y al hockey sobre hielo que a las pistas de atletismo.