El que dos figuras notables de nuestra música se hayan ocupado de exponer sus puntos de vista sobre la suerte que pudiera correr el Himno Nacional ante la divulgación de noticias, según las cuales se pretende cambiar su música, evidencia lo importante del tema.
Durante dos semanas consecutivas publicamos un interesante y minucioso análisis musical e histórico del Himno Nacional preparado por Emiliano Pardo-Tristán, eminente músico panameño que se desempeña como profesor en Estados Unidos y ha participado en diferentes lugares del mundo en la ejecución de instrumentos o transmitiendo de sus conocimientos a los valores en ascenso.
Como corolario, en nuestra edición anterior Rubén Blades también hizo una exposición sesuda, primero sobre su canción “Patria” y después aprovechó para señalar que la discusión sobre si se debe o no cambiar el Himno Nacional es innecesaria e instó a que los panameños nos convirtiéramos en defensores y promotores de su melodía y su letra las cuales nos han marcado desde que tomamos la decisión de ser República.
Hemos leído otras opiniones, como la de la doctora Marisín Villalaz de Arias, publicada esta semana en este diario, así como en otros medios han habido pronunciamientos, unos más tímidos que otros, sobre la suerte que pudiera correr nuestro preciado Himno Nacional. Pero llama la atención que el panameño común, ese que conforma la voz mayoritaria, no se ha dado por enterado y diluye su atención en asuntos, aparentemente, menos densos como lo son las mentiras de los políticos y los colores del atuendo de “Jumbo Man”.
No es que las mentiras no causen daño ni que la utilización de los recursos estatales no sean tema sobre los cuales el pueblo deba ejercer su derecho fiscalizador, pero un manejo laxo de nuestro Himno Nacional con la supuesta intención de hacerlo más atractivo para un sector minúsculo en rebeldía, equivaldría a permitir que la gente maneje en contravía porque la ruta normal está taponada y, eso, es un sinsentido.