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Smog, buses y ruido

Cuando llegué a mi trabajo el olor del smog había penetrado mi auto, no importaba que yo tuviera aire acondicionado y estuviera totalmente cerrado; yo respiraba un profundo olor a gasolina, y la parte delantera de mi auto tenía una gruesa capa de hollín. ¿No se cuando las autoridades tomarán en serio este problema del smog?


Yo no entendía lo de la capa de ozono hasta la tarde en que, por la densidad del tráfico vehicular, me tocó, durante 27 minutos, soportar las emanaciones de hubo negro de uno de los buses que en la Capital ofrece el servicio público. Fueron 27 minutos los que tardé en desplazarme desde el semáforo ubicado en la intercepción de la 12 de octubre con transístmica, hasta el que está en la intercepción de la misma transístmica con vía Brasil.
Vi, como a 200 metros, el cambio de luz del semáforo de la 12 de octubre, por lo que disminuí la velocidad, pero de repente sentí a mi lado derecho un fuerte golpe de viento, raudo y determinante; era un diablo rojo dispuesto a pasarse la luz roja, pero como ya en la vía transversal comenzaban a moverse los otros autos, frenó en seco, y después de un chillido de llantas, dejó sus huellas sobre la vía. Tranquilamente me coloqué detrás de aquel bramador de cuatro ruedas, que al parecer en estado neutral, pisaba el acelerador, producía ruidos atemorizantes y lo peor, echaba humo por arriba y por abajo. Una de las dos tuberías de escape estaba dañada. Así que mientras que por una mandaba el gas residual hacia arriba, el otro impactada directamente en la fachada de mi auto.
Por suerte tengo aire acondicionado, así que mi auto estaba totalmente cerrado. Lo malo fue que a partir de ese momento el tráfico se hizo lento, denso y casi simétrico, era imposible pasar al bramador. Solo oía el rugido de su motor, persistentemente su tronera y a continuación nuevas bocanadas de humo sobre mi coche. Pero como yo tengo aire acondicionado y mi carro estaba totalmente cerrado, no me preocupaba.
Cuando ya íbamos a la altura de Raenco el bus se detuvo sin explicación alguna. Marchábamos por el carril izquierdo, cosa que tampoco entendía porque se supone que los buses deben ir por el carril derecho. Estaba detenida sobre la vía y mientras el tráfico seguía fluido por el carril derecho, nosotros estábamos totalmente detenidos, así que comenzó la pitadera, y yo estaba entre el ruido del motor del bramador de cuatro llantas, sus bocanadas de humo y ahora la pitadera de los demás. Fueron como cuatro minutos interminables, pero como yo tengo aire acondicionado y mi auto estaba totalmente cerrado.. comencé a sentirme como la capa ozono, con un tremendo hueco en la cabeza por la pitadera infernal, sin poder escapar a las emanaciones de humo y totalmente desprotegida. Cuando llegué a mi trabajo el olor del smog había penetrado mi auto, no importaba que yo tuviera aire acondicionado y estuviera totalmente cerrado; yo respiraba un profundo olor a gasolina, y la parte delantera de mi auto tenía una gruesa capa de hollín. ¿No se cuando las autoridades tomarán en serio este problema del smog? No importa que mi auto tenga aire acondicionado y esté completamente cerrado..
En esencia, el Estado fue obligado a separar parte del presupuesto que dedicaba a las ciudades, en detrimento de éstas, para la construcción de escuelas, cuarteles de policía y bomberos, carreteras de acceso y el consabido mantenimiento de las mismas, recolección de desechos en las áreas que se habitaban. Amén de otros costos numerosos.
Para nosotros el resultado que se destaca más negativo, después de cincuenta años del inicio del fenómeno que acabamos de delinear, es que los que buscaron una supuesta libertad fuera de la ciudad siguen ligados a ella irremisiblemente porque, aunque residen en áreas suburbanas, trabajan en nuestras ciudades para recibir sueldos o salarios cónsonos, y aprovechan su vida cultural, la cual está ausente en su entorno vecinal.
Hace poco tuve la oportunidad de ver, en la televisión, una película que tiene como ambiente el suburbio de una ciudad. En un momento del film, dos jóvenes mujeres conversan y una le pregunta a la otra: -- "que es lo que menos te gusta de estos lares" -- y recibe como respuesta -- "la ausencia de vida social y la soledad que este sitio induce" -- . A estas jóvenes se les ofrece solamente centros comerciales plásticos, que se construyen para servir a cierto número de desarrollos suburbanos, y que cuyas áreas o inmensas playas de aparcamiento de carros constituyen su núcleo y el centro social de reunión del vecindario. En otro aspecto, los comercios o negocios ubicados en los nombrados centros comerciales operan con respiración artificial y son de naturaleza hostil.
Y lo que es irónico, el hombre del suburbio ha quedado atrapado por el símbolo que significó su libertad: el automóvil. Prueba de ello es que un número considerable de personas se ven forzadas a permanecer sentadas diariamente en sus automóviles hasta cuatro horas para llegar a sus puestos de trabajo y, después, regresar a sus moradas. Todo es consecuencia de la congestión o saturación en las carreteras por la multiplicación acelerada de la cantidad de automóviles en circulación, y las gestiones perezosas para planificar un sistema de tránsito adecuado, entre otros motivos. Cualquiera percibe que cuando más automóviles se agregan a una carretera, en un momento dado, la velocidad y el número de ellos rebasa la capacidad de la vía. Y ni hablar de los costos que significan los consumos exorbitantes de gasolina, tanto para los dueños de vehículos a motor como para el Estado. Este último, en lo que se refiere a divisas que se escapan del país.
Además, el anterior panorama descrito causa el problema adicional de la contaminación del ambiente por la expulsión de monóxido de carbono que producen los automóviles, y que alteran el clima.
Por otro lado, es prudente señalar que como nadie conoce con certeza la magnitud de la disponibilidad del combustible fósil, por ende el futuro del automóvil, como medio de transporte, es incierto. ¿ Estamos preparados para la eventualidad que produzca una carencia de combustible y de cómo este escenario alteraría nuestras vidas cotidianas?
Contrario a lo que se pueda concluir, no estamos contribuyendo a la idea de que el crecimiento de las ciudades hacia afuera no es plausible. Lo que subrayo e indico es que, en el reciente ayer y hoy, la mayoría de los suburbios son el resultado de aventuras puramente comerciales, sin tomar en cuenta a los que habitan dichos conglomerados humanos.
Otro determinante o factor que apuntamos es la influencia circunscrita a las interpretaciones muy personales, que afloran en la actualidad, de los conceptos precursores e idealistas ( beau idéal ) referentes a la vida suburbana y que pertenecen a Barry Parker, Ebenezer Howard, Patrick Geddes, y Raymond Urwin, olvidándose que ellos desarrollaron, en otra época y en un mundo diferente, sus ideologías urbanísticas.


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262285
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América