Sin duda, cada quien tiene sus preferencias como lector, y por diversos motivos, unos textos nos gustan más que otros. Es el caso del suplemento "díaD" del pasado domingo.
La estampa citadina de años pretéritos titulada "Mi mercado público", escrita por Lucía Kusial Singh, me pareció sobresaliente. Su capacidad de recrear de forma realista y a la vez artística todo el colorido y la sensualidad vital de los detalles del movimiento que era vida de época de ese mercado nuestro es sorprendente. Hace tiempo, no leía yo una crónica tan vívida de un aspecto tan particular, que fue presencia deliciosamente cotidiana en nuestra capital, y que hemos perdido.
Me recordó la forma de hacer crónica periodística, con herramientas de ingenio literario, de los mexicanos Elena Poniatowska y Carlos Monsivais, y en el Panamá de principios del siglo XX, el talento cromático de Salomón Ponce Aguilera, Darío Herrera, Ricardo Miró y Gaspar Octavio Hernández cuando empezaban a dejar atrás las influencias del modernismo en su manera de escribir piezas breves en los periódicos y revistas locales.
Ojalá que Lucía introdujera esa su notable capacidad descriptiva, con el filtro de sus inobjetables juicios de valor sobre lo captado por los sentidos y retenido en la memoria, a obras de ficción literaria o a auténticos poemas de raigambre popular, para irla sumando a una más amplia producción literaria nacional.
Promesa.El cuento "La esencia", de Rodrigo Esquivel Lavergne, es interesante y prometedor de futuros logros, y hay que felicitar y seguir motivando al novel autor.
En más de un sentido, es ya un avance importante, un salto cualitativo sobre su todavía desigual primer libro "Desde el parking de una disco", publicado con valiosos aciertos pero todavía muchas fallas formales a fines de 2009. En su trabajo hay talento, clara noción de lo que es un cuento y de cómo narrarlo. En general, acaso aún le falte "tallerear" más a fondo las texturas de sus relatos, ser más exigente consigo mismo. Por supuesto, lo anterior es sólo una opinión.