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Sobre bustos de más y esculturas de menos

Es inadmisible que no exista en la Dirección de Patrimonio Histórico, en el INAC o en el Registro Público, un listado oficial y actualizado que de fe de la ubicación, registro histórico con detalles del significado y valor, de estos símbolos de nuestro patrimonio cultural.


Frente a la catedral del casco viejo, en la plaza de la independencia, Manuel Amador Guerrero vigila estoicamente su estatua, al igual que lo hace Pablo Arosemena en la plaza de Francia. Belisario Porras hace lo propio desde la estatua que en su honor está ubicada en el conocido parque que lleva su nombre en la ciudad capital y en el busto conmemorativo ubicado en su antigua casa de Las Tablas, convertida hoy en museo.

Por su parte la ex-presidenta Mireya Moscoso ha hecho bien, después de todo, en tener su controversial casa de descanso en Punta Mala, muy cerca de Pedasí. De esta forma podrá ocasionalmente echarle un ojo al busto en su honor, que por cierto, ella misma develó, 10 días antes de concluir su mandato, en su pueblo natal. No vaya a ser que el día menos pensado desaparezca, o peor aún, la tiren a una letrina (el busto), como en su momento, le ocurriera por estas tierras, a su lejano antecesor.

El tema de los bustos, estatuas y esculturas, viene a colación a raíz de enterarnos de la insólita desaparición de la escultura Juegos de antaño, conformada por 42 piezas de bronce cuyo peso global estimado es de 35 toneladas, sin que nadie hasta la fecha, haya podido dar cuenta de ella.

 

La obra en mención está valorada en 250,000 dólares y fue esculpida por el recientemente fallecido escultor colombiano Héctor Lombana Piñeres. En principio fue ubicada por el Gobierno anterior, frente al centro de convenciones ATLAPA y más tarde trasladada al entonces Museo del Niño y de la Niña en Curundú. Luego al inicio del actual Gobierno, la obra escultórica fue removida y trasladada de nuevo. Esta vez a un oscuro depósito del parque Omar, donde se mantuvo por un tiempo indefinido haciéndole compañía a las máscaras, andamios, letreros y demás parafernalia del carnaval pasado.

Como sabemos, el Parque Omar es administrado por el Despacho de la Primera Dama. Las llaves del citado depósito se encuentran en una oficina de esta entidad bajo custodia y responsabilidad de la presidenta de la junta del carnaval, la señora Mingthoy Giro. Hasta aquí, los hechos conocidos. En adelante nadie ha podido explicar todavía, cómo se concretó el increíble acto de prestidigitación, digno de David Copperfield, del que nos ocupamos.

La procuradora de la nación, Ana Matilde Gómez, en el proceso de investigación que adelanta sobre el caso, ha descubierto que no existen o no se han podido encontrar, documentos de registro de la obra, ni órdenes de traslado, ni mucho menos, constancia de responsabilidad específica por la custodia de este bien del Estado panameño. Ni en la Contraloría General de la República, ni en el Ministerio de Economía y Finanzas, ni en la Cancillería, ni en la Dirección de Patrimonio Histórico, ni en el Instituto Nacional de Cultura, ni en el Despacho de la primera Dama y por supuesto, de más está decirlo, ni siquiera en las oficinas del parque Omar o del Servicio de protección Institucional. Es obvio que nadie quiere cargar con el muerto.

 

Se me ocurre que si les practicaran pruebas de ADN a cada uno de los mencionados en la cadena de responsabilidad, por la desaparición dolosa de la escultura, encontraríamos en todos ellos un singular parentesco ancestral con Poncio Pilatos. De hecho la fila es larga para acudir al mismo lavamanos, que en su momento usara la anterior Primera Dama (Señora Ruby Moscoso) para quitarse la mugre del bochornoso asunto aquel de malversación de fondos donados por el gobierno de Taiwán, para la construcción y equipamiento del famoso Museo del Tucán.

La verdad es que en Panamá, ya deberíamos estar curados de espanto por las arbitrariedades que cometen los gobiernos en sus desaforados esfuerzos por conquistar el título de más corrupto y ante el desinterés e irresponsabilidad de las instituciones encargadas por ley, de velar por el patrimonio ambiental (unas) y cultural e histórico (otras).

Los ejemplos aberrantes en tal sentido sobran. La desaparición a lo Houdini de la escultura Juegos de antaño, es sólo el más reciente. Sin embargo, en Chiriquí hace poco, ante la justificada y airada protesta de un grupo de davideños, por la desidia e indiferencia del INAC, que se niega a reparar y brindarle el mantenimiento requerido al Museo de Historia y Arte José de Obaldía, que por cierto está a punto de colapsar por los estragos del tiempo, escuchamos la insólita respuesta del INAC, argumentando olímpicamente que esta entidad (el museo) no es de su incumbencia puesto que se trata de un bien privado. Lo incongruente e insólito de una aseveración tan descabellada como esta, es que el Museo de Obaldía aparece empero, en los panfletos turísticos y museográficos que el INAC distribuye. Además el propio nombre de la institución (INAC) puede observarse todavía en la desvencijada pared frontal del inmueble, colocado allí hace ya 22 años, desde el momento mismo de su inauguración en l986.

 

Volviendo al tema que en principio nos ocupa, en verdad es inadmisible que no exista en la Dirección de Patrimonio Histórico, en el INAC o en el Registro Público un listado oficial y actualizado que de fe de la ubicación física, registro histórico con detalles de significado y valor, así como las condiciones de cada uno de los valiosos y cada vez más escasos símbolos de nuestro patrimonio cultural, los cuales se encuentran dispersos por todo el país.

Adicionalmente tenemos que reconocer que la mayoría de las veces por nuestra idiosincrasia tan especial de panameños, pasamos desapercibidos ante estas obras escultóricas que esperan con ansias sorprender nuestra atención en cada plaza, parque o isleta de nuestra república.

Mucho ayudaría, que aunque sea partiendo del desafortunado incidente de la desaparición de la escultura, Juegos de antaño, se retome por parte del Gobierno el interés de implementar una política de Estado tendiente a mejorar la valoración, rescate y preservación de nuestro entorno ambiental y cultural, a fin de ir disminuyendo al menos esa malsana indiferencia cómplice de las autoridades hacia todo lo que en general tiene que ver con el arte y la cultura de nuestro país.


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412471
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América