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Sobre la educación inclusiva


En el artículo "Los discapacitados, ¿corren algún peligro?", en Semblanzas del domingo 13 de febrero, hice hincapié especial en la personalidad y cualidades de un maestro en general. En el escrito de hoy me refiero al impacto que su labor ejerce sobre los demás. Igualmente, creo que una persona motivada influye más en su satisfacción que las condiciones físicas y económicas, en la que trabaja.
En consecuencia, he tratado de centrarme en el individuo como persona y defiendo que el objetivo de un proceso de selección es asignarle el tipo de trabajo que le gustaría hacer y que le permita utilizar al máximo sus aptitudes en la realización de algo que juzgue que vale la pena.
A la vista de los cambios que se avecinan con la educación inclusiva en el sistema educativo regular, este debe de afrontarse sin que medie una dirección autoritaria sobre una valoración científica al señalar que:

  1. Se debe encontrar un método para asignarle al personal magisterial un trabajo que sea gratificante; el personal trabajará más gustosamente.

  2. Que la tarea a realizar esté acorde con su capacidad como con sus inclinaciones.


El trabajo de un maestro de enseñanza regular se relaciona día a día con una considerable cantidad de muchachos, traba lazos con ellos y desarrolla actitudes hacia su labor que pueden ser favorables o desfavorables, según la forma en que interprete su situación personal y laboral. Por consiguiente, el Ministerio de Educación debe afrontar la realidad laboral de este personal que contribuya a reforzar su propia estimación. Bajo esta premisa, me permito destacar que:

  1. el trabajo con un discapacitado exige un esfuerzo inconfundible tomando en consideración los tipos de discapacidades que hay.

  2. No se puede partir del supuesto de que el maestro aplique su esfuerzo estrictamente de acuerdo con lo que el trabajo le exige, es decir, que funcione como una máquina, una vez que se haya puesto en marcha este nuevo enfoque.

  3. el maestro es un ser humano durante su jornada laboral, que piensa y tiene ideas propias. Algunos de ellos pueden sentirse adaptados con la educación inclusiva, y otros, no.

  4. Un maestro de enseñanza especial, se educa y se forma para adquirir conocimientos y aprende las técnicas específicas aplicables hacia la necesidad que requiera el estudiante discapacitado. Además, no le resulta difícil atender a un estudiante especial debido a que le es gratificante al haber elegido la profesión adecuada según su vocación, fines e inclinaciones. Muchos de estos maestros abnegados encuentran en este tipo de trabajo la respuesta a una serie de necesidades personales.

  5. Tratar a un minusválido no es cosa de seminarios alternos. En la práctica la situación es otra. Si a los maestros regulares no se les capacita apropiadamente para atender a estudiantes especiales, la enseñanza degenerará en una actividad rutinaria que dará lugar a una frustración tanto para él como para el que requiera de su servicio.


Si todo trabajador estuviese haciendo la clase de trabajo que se identifica con sus aspiraciones profesionales, sentiría que su esfuerzo está encaminado hacia el bien común. Es posible que este sueño sea irreal, pero la situación contraria es bastante deprimente. Nuestra sociedad alejada de un criterio cultural y humanista, es estática y tiende a empeorar.
Admito que hay un número de profesionales, que independientemente de su situación de discapacidad realizan estudios superiores y tienen la oportunidad de conseguir una calificación profesional superior. Pero también hay que aceptar que estos profesionales encontraron durante sus años educativos a maestros idóneos que supieron dotarles de los conocimientos necesarios en la materia.
No obstante, un individuo y cualquiera sea su trabajo son realidades complejas y todo intento de agruparlos bajo una etiqueta única no hará sino crear una enorme confusión y malestar en aquellos que no estén de acuerdo con un plan de esta naturaleza. Panamá debido a su idiosincracia y a un sistema educativo y remuneración deficiente difiere con los países en que la educación inclusiva es un éxito. El dialogo y la consulta con los gremios magisteriales durante el año 2005 debe ser el norte antes de implementar un cambio que no se sabe si será de beneficio para el que lo requiera. Un paro de maestros no es la solución y mucho menos imponer una modalidad sin una adecuada valoración científica.
(*)La autora es psicóloga clínica
gemiliani@cwpanama.net

 

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186568
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América