Renunciar a un puesto tan importante como ser el jefe espiritual de millones de personas es algo perfectamente delicado o como diría el cardenal Cipriani al ser consultado al respecto: “es una campana muy fuerte” (sic). Decididamente le agradecemos al papa su humildad y valentía, pero ante la cruz, se nos ha enseñado, debemos siempre decir: SÍ, porque qué sería de la humanidad sin el sí incondicional de María; sin el sacrificio del Padre al darnos a su único hijo; sin la renuncia a la vida del propio Jesús; sin la entrega de tantos santos y mártires que no midieron cuánto se les exigía por defender su fe.
Como católica practicante analizo lo sucedido y no voy a ocultar mi decepción, porque vienen a mi mente tantos pasajes bíblicos que le debieron dar fortaleza al papa en este acto de voluntad, pues la Biblia dice en Isaías 41:30,31: “Los muchachos se fatigan y se cansan; los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Ante una decisión tan impactante, en medio de tanta podredumbre moral que vive el planeta, de seguro deben haber razones muy poderosas que los cristianos católicos quizá jamás sabremos, pero no debemos juzgar a nadie, porque la justicia le pertenece a Dios.
Los religiosos son seres humanos y no son el objeto de nuestra fe, solo son un instrumento mediador entre Dios y los mortales. Nosotros seguimos la ruta de Jesús, sin mancha, sin dudas, sin temores; dispuesto a todo por defender la casa de su Padre.
Mi gran dilema es: si la renuncia del papa obedeció a razones distintas a su condición de salud, como supongo, pues no concibo que una autoridad de esa magnitud abandone todo por problemas de salud y cree con su comportamiento una situación de angustia, desasosiego y suspicacias, ¿podrá su sucesor afrontar con verticalidad esas posibles condiciones? Por otro lado, el nuevo elegido también será una persona de cierta edad porque todos los candidatos son de la tercera edad o cercana a ella. Esto me hace pensar que quizá tenga también la necesidad de retirarse por las mismas razones.
La Iglesia debe pensar en efectuar cambios profundos. Entre ellos, pudiera ser elegir al papa por un periodo determinado. También se debe considerar el asunto del celibato, pues buena parte de la corrupción en la Iglesia obedece a una libido sin cauce que desemboca en pederastia y relaciones amorosas ocultas, entre otras cosas.