Si las expresiones vulgares no salieran en los medios impresos, si la muerte no fuera el motivo del en las publicaciones diarias, si respetáramos la dignidad humana de los ciudadanos panameños, entonces, se disminuiría la violencia que azota nuestra seguridad. Las autoridades deben crear leyes que prohíban el uso de las desgracias ajenas como primera plana de los periódicos y titulares de las televisoras, pues si se sigue alimentando el morbo de la ciudadanía, no habrá ministro de Seguridad que contenga la avalancha de muertes. La parca publicitada sin empachos crea, a la larga, indiferencia hacia la vida; nos hace creer que la violencia es normal; genera psicopatías y activa en las mentes enfermas el afán de matar.
El negocio lucrativo con la muerte y la violencia menoscaba los cimientos de nuestra sociedad e impide una labor efectiva por parte de las instituciones de seguridad del país. El asunto no es ocultar la información; sino saber comunicarla. El uso que actualmente algunos medios le dan a la noticia es alarmista y con fuertes tintes de prensa amarillista. No miden las consecuencias de valerse de la muerte para llenar sus arcas; pero lo cierto es que las secuelas son nefastas: inestabilidad emocional de la población, ratificación de los impulsos asesinos, morbosidad creciente y galopante en los ciudadanos. Por otro lado, día con día van fortaleciendo estas actitudes negativas en los ciudadanos al punto que se convierte en una opinión o actitud generalizada hacia tal o cual tópico.
Panameños, panameñas, cuiden su salud mental y sobre todo la de sus hijos o hijas. Si todos los días alimentamos nuestra mente con estas imágenes perversas, llegará el momento en que necesitaremos emociones más intensas, tal como les pasa a todos los que sufren una adicción que buscan aumentar sus sensaciones por medio de drogas más potentes. En esta búsqueda, las personas pueden incluso llegar a cometer algún delito contra la integridad de otro ser humano.
Tenemos que bajarle el volumen a nuestra ansiedad, porque campea la intolerancia, la incomprensión y el clima social se ha tornado áspero y violento. Si los medios de comunicación tuvieran más responsabilidad social, entenderían que una idea, situación, etc., que se repite todos los días acondiciona la mente del receptor. Los medios son maquinarias para lavar los cerebros. Para evitar esto, hagamos uso de nuestro criterio. Seamos selectivo en lo que vemos y leemos para poder salir airosos de las trampas de la comunicación sin valores.