La violencia es despreciable en todas sus formas. Tendríamos, como sociedad, que abocarnos a un trabajo profundo y solidario para tratar de bajar sus altos niveles. Esta semana, la violencia tocó las puertas del fútbol de una manera devastadora: un asesinato al calor del juego.
Esto no anda bien. Los clubes de la LPF y LNA, la Fepafut, el Estado, tienen una misión harto difícil por delante: tendrán que replantearse cómo accionar en asuntos de seguridad, educación y atención psicológica de sus jugadores.
Nuestra sociedad sufre una sobredosis de violencia. Miguel Tello, Javier “Borolo” Castro, David Pontiles, Jonathan Rodríguez, Javier De La Rosa. ¿Cuánta sangre más se tendrá que derramar?