LOS DIÁLOGOS ENDIFERENTES CONFLICTOS
- En cada diálogo que he estado, desde la Ley Chorizo, luego con los indígenas y ahora con los trabajadores de la salud, tienen su complejidad por la naturaleza de la agrupación y de las aspiraciones. Pero el problema parte de una falta de diálogo previo para no llegar al conflicto.
- Eusebio Muñoz
Por providencia de Dios, el sacerdote Eusebio Muñoz, de 42 años, saltó al escenario sociopolítico como mediador de la Iglesia católica en tres conflictos.
Él lo confirma como las situaciones que lo fueron envolviendo luego del rechazo a la aprobación de la Ley 30, conocida como Chorizo; de la Ley 8 hoy Ley 11, que prohíbe la explotación minera y establece un régimen especial para la protección de los recursos minerales, hídricos y ambientales en la comarca Ngäbe-Buglé, y del llamado por parte de los médicos para buscar una salida al conflicto en el sector salud, aún en discusión.
Ahora en medio de algo de calma, Muñoz siente que la sociedad ha desperdiciado mucho tiempo en discusiones en vez de capitalizar las oportunidades como nación.
Eso lo atribuye a que en los diferentes frentes se están poniendo por encima de los intereses del país, los partidarios y de grupos.
Se necesita desarrollar la credibilidad e institucionalizar los acuerdos de concertación, tal como se ha hecho en la Mesa de Concertación, y eso es un trabajo de todos, no solo de la Iglesia.
¿A qué podemos atribuir la necesidad de buscar siempre a la Iglesia como mediadora?
El problema parte de que en nuestra sociedad panameña no hay credibilidad de una parte ni la otra. Ese es el problema principal cuando dejamos de creer los unos en los otros y en las instituciones, es triste, porque lo que vamos haciendo es generando más conflictos y en vez de resolverlos, vamos profundizando en eso de la credibilidad y vamos desacreditando a la otra parte. Entonces tiene que venir una parte como idónea que sea reconocida por las dos partes para ser el árbitro para sentarlos en una mesa, y en el diálogo surjan las ideas que ayuden a solucionar los conflictos.
Si está esa parte mediadora, ¿por qué los tiempos de negociación son tan largos?
Son parte del proceso de los grupos, porque pueden estar en una mesa de negociación, pero cada uno va haciendo lo suyo como para ver si yo tengo la verdad, yo tengo la razón, como para ejercer una cierta presión que consideran facilita el diálogo, pero a veces lo entorpece.
¿En qué se basa para ir llevando a las partes a bajar las tensiones?
Primero conocerlos, investigar, la otra es cuando conoces algo, conoces a las partes e investigas, te vas mas allá de la causa aparente del conflicto. Lo cierto es que la solución de un conflicto está entre las partes. Nosotros lo que podemos es apelar a la buena fe y dar ideas para ir configurando esa propuesta que sea satisfactoria para las dos partes. Los patrones son diversos, porque en cada diálogo que he estado desde la Ley Chorizo (en Bocas del Toro), luego con los indígenas (ngäbes y buglés) y ahora con los trabajadores de la salud tienen su complejidad por la naturaleza de la agrupación y de las aspiraciones. Pero el problema parte de una falta de diálogo previo para no llegar al conflicto. Hemos tenido que entrar a mediar ya cuando el conflicto ha rebasado y ha habido ya situaciones lamentables.
¿Sería lo ideal que estén en el inicio de una negociación?
Sí, porque en Panamá hay un instrumento que se creó, que es la Mesa de la Concertación. Lo que debemos hacer como sociedad es fortalecer la institución en la Mesa de Concertación, toda la sociedad y, primordialmente, los políticos y los gobernantes deben fortalecer esa institución. Nosotros hemos venido a mediar en los conflictos cuando ya han pasado los límites, pero si fortalecemos a la institución de la Concertación y la dotamos de todos los recursos necesarios y de la credibilidad que debe tener, creo que debe ser un espacio para evitar los conflictos.
¿Llegó a pensar en algún momento de la discusión por el rechazo de la Ley Chorizo que no había salida por las presiones de lado y lado? ¿Qué hace el mediador en esas situaciones?
Cada una de las partes te quieren llevar hacia ellos, y al quererte llevar hacia ellos, quieren capitalizar tu presencia como Iglesia para ellos. Así que uno se tiene que mantener en el punto medio. Me acuerdo que en la Ley Chorizo, me decían los grupos que se iban a levantar. Yo planteaba, en representación de la Iglesia, que los últimos que nos levantábamos de la mesa era la Iglesia. Me acuerdo que la última sesión era un jueves, pero los 90 días se cumplían un sábado y había que aprobar el punto de que nos declarábamos en sesión permanente hasta el día sábado y si se nos hubiera escapado, ya el diálogo se terminaba. Gracias a Dios se pudo hacer lo necesario para que se aprobara la sesión permanente hasta el día sábado.
Ese día para mí pastoralmente era difícil porque tenía 10 bautizos en la parroquia. A eso de las dos de la mañana, las cosas estaban un poco trancadas, los grupos se movían de un lado a otro tratando de buscar una relación. Me acuerdo que después de las oraciones y de hablar con los grupos individual y colectivamente, a las 5:40 p.m., la mediadora, la que llevaba el diálogo, no podía estar y me quedé con la responsabilidad y dije: “reanudamos la sesión para firmar acuerdos”, y el último acuerdo que había era un artículo bien polémico, lo firmamos a las 6:00 a.m.
Siempre baso la mediación en la oración. Cuando estamos en un momento de conflicto, oro, me llevo a las partes, las separo, converso con ellos, vemos otras alternativas con cada una y después nos volvemos a sentar porque para mí esa es la fuerza.
¿Es difícil llegar a consenso por falta de credibilidad, voluntad o egoísmo?
Puede ser que hay una mezcla de todas las cosas, pero parto del principio de que si estamos sentados allí, hay buena voluntad, aunque haya egoísmo, otros intereses o segundos intereses. Estos últimos diálogos han ido al vaivén de todas las situaciones políticas en el país, pero cuando están las situaciones graves de política como que se pone lento, y ya cuando se bajan las tensiones, cómo que se avanza.
¿Cuándo el mediador sabe que hay que retirarse?
Si no hay voluntad expresa de las partes a querer un acuerdo, porque nos podemos instrumentalizar y se pierde la fuerza de la credibilidad. Yo espero no llegar a ese nivel.
¿Ha sentido en algún momento que debe retirarse?
Sí, al principio, cuando no se había levantado el paro (se refiere a su mediación en el diálogo con los trabajadores de la salud, debido al paro de labores en el pasado mes de mayo).
¿Fue muy difícil por tratarse de la salud?
Sí y había miles de personas sin sus servicios de salud, y hay gente que no tiene la posibilidad de ir a una clínica.
¿Cómo llegó a ser mediador?
-Una amplia sonrisa interrumpe el diálogo-.
Yo creo que por providencia de Dios. En el primero, en la Ley Chorizo, habían invitado a monseñor José D. Ulloa y me pidió que lo cubriera por esa primera reunión y tuvo algunas opiniones favorables y me dijo que me quedara allí. En el de Chiriquí, cuando el conflicto estaba en Chiriquí, lo manejó monseñor José Luis Lacunza, presidente de la Conferencia Episcopal, pero cuando vino a Panamá (cuando los indígenas ngäbes y buglés acamparon en la Asamblea Nacional), tuvo que pedirle a la licenciada Maribel Jaén que se encargara del diálogo, pero estaba recién operada y me dice: le va a tocar a usted, y allí empezó el liderazgo en el diálogo indígena, y aprendimos a trabajar en equipo (con monseñor Lacunza). Él se encargó de una mesa, yo de otra, la del artículo 5 de la ley, que después se aprobó en la Asamblea, el que está vigente por lo de la inspección, los estudios que se están haciendo (en Barro Blanco).
La otra coyuntura es que los médicos se acercaron a pedir la mediación, y monseñor (Ulloa) consideró que sí, pero tenía un compromiso internacional y me tocó batear más duro, porque no solo era organizar el diálogo, sino convocar al sector gubernamental para que participara. Por eso digo que es providencia de Dios.
¿La Iglesia tendrá que trabajar más para lograr ese acercamiento?
Creo que la Iglesia no, toda la sociedad debemos trabajar en función al diálogo, a comunicarnos mejor, a ser acertivos en la comunicación. En todos estos diálogos he visto gente brillante, capaz, que puede aportar a que seamos adversarios y no enemigos. Tenemos un recurso bueno valioso, es ponernos de acuerdo, aunque sea yo contrario a tu línea de pensamiento, yo puedo aportar para mi país, esa es la situación y veo a veces cómo se desperdicia, cómo se diluye esa capacidad de echar para delante.
¿Hay que trabajar en la credibilidad porque no creemos en nada?
A veces las esposas no creen en los esposos, los padres no creen en los hijos, los hijos no creen en los padres. En Panamá el otro problema es que vivimos de percepción, no vivimos de una realidad. Hay que purificar para saber qué es realidad y qué es percepción. Eso hace mucho daño.