Religión y espiritualidad
- Lo espiritual no es sinónimo de religioso. He conocido a personas no creyentes en nada, pero que tienen una vida espiritual muy amplia porque respetan, valoran y son solidarios, eso es vida espiritual, sin embargo, estamos aprendiendo que lo espiritual es religioso.
- Jesús López
Desmayos, convulsiones, pérdida del conocimiento y sensaciones de que una fuerza extraña se apodera de sus cuerpos son algunas de las recientes manifestaciones en adolescentes, presenciadas a través de la televisión.
Todo empezó en el Centro Educativo Básico Jacoba Urriola Solís, en Portobelo, provincia de Colón. El fenómeno se ha repetido en otras latitudes, casi de la misma forma.

Educación, cultura, tradición e influencias del entorno van marcando la personalidad del niño hasta llegar a la adolescencia, época del despertar en la que estallan una serie de factores que, sin darnos cuenta, dejan su marca.
Jesús López, psicólogo y docente panameño, explica desde el punto de vista de la ciencia y la educación lo ocurrido.
Para López, la situación debe verse desde una perspectiva más amplia e ilustrativa.
Lleva a comprender lo que sucede cuando “escapamos de las garras de la ignorancia y encontramos la luz de la verdad para convertimos en seres liberados, que definimos nuestra vida con base en criterios más sanos”.
Género, cultura, educación, tradición, identidad y religión son algunas variables que se analizarán.
¿A qué se debe este tipo de manifestaciones? ¿Por qué se presenta más en jóvenes, en esas edades y condiciones colectivas?
Primero que todo quisiera aclararle que son fenómenos bastante comunes. Días atrás leía una especie de informe que emitía una colega del Colegio de Psicólogos Clínicos de Cataluña, casualmente era la presidenta de esa institución, que trataba acerca de un fenómeno muy parecido en la ciudad de Nueva York y también, al mismo tiempo, en Europa se estaban presentando situaciones de ese tipo, en realidad son muy comunes. Ahora mismo, en algún lugar del planeta, alguien está experimentando esto.
Siempre, o por regla general, las primeras afectaciones son en mujeres jóvenes de comunidades desprivada económica y socialmente que están en plena edad del despertar sexual, en edad de la curiosidad, por lo que va a sobrevenir en el futuro esa transición entre infante o niña o niño y adolescente, y cuando ya se está acercando la edad de tomar responsabilidades, casi de persona adulta, se producen ciertas situaciones y condiciones que no son muy fáciles de manejar por todo el mundo. Lo único es que mientras más se va diseminando el fenómeno, parece que empieza a afectar a algunos varones, pero siempre entre esas mismas edades.
Algunos aspectos culturales también afectan; depende del tipo de religión que practiquen porque en la mayoría de las religiones orientales la responsabilidad de todo, el bien y el mal, en un lenguaje más religioso, Dios y el demonio, residen dentro del ser humano. En el caso de las religiones judeocristianas, Dios y el demonio están externamente en las personas. Entonces, su relación, psicológicamente hablando, con esa concepción de vida va a determinar la aparición o no en muchos casos de este tipo de fenómenos. Estamos hablando de un fenómeno cultural y social que va determinado por la forma de canalizar sentimientos, de explorarse uno mismo; la forma en que uno ve la propia vida va a depender mucho del tipo de religión.
Hay variables que entran en juego, el área, ¿podría estar el fenómeno asociado a problemas de conducta o los propios de la adolescencia?
No descarto ninguna variable, evidentemente que hay una variable cultural. No es determinante el hecho de que sea en esas zonas geográficas por sus características de estar lejos y ser comunidades pobres. Acá estamos hablando de comunidades inclusive afrodescendientes con un fuerte componente étnico por ese lado, pero también tendría que ver entonces con los mensajes que van recibiendo los jóvenes, por ejemplo, si están escuchando a cada rato que tal cosa sucedió porque es una intervención demoniaca, si haces tal cosa te va a suceder esto, te va a atacar el demonio; empiezan a llenar su mente de ese tipo de cosas. Llega un momento en que nosotros tampoco podemos decir que eso sea falso. Lo que ellas están diciendo y sintiendo no es montaje, sino es la forma en que se manifiestan, y lo descargan a manera de desenfocar un poco la tensión que eso les está provocando, sentimientos de culpa, de autodisminución y de una baja autoestima.
¿Qué tiene que ver el ser mujer?
Resulta que en países como el nuestro ser negro, ser adolescente, vivir en determinada área geográfica y pertenecer a un tipo de etnias, en este caso indígena y comunidades afrodescendientes muy bien demarcadas como tales, eso produce, sin lugar a dudas, ciertas dificultades en la autoaceptación de las personas porque estamos hablando de comunidades vulnerables. Añado el factor más importante. Todo eso ligado al hecho de ser mujer determina mayor vulnerabilidad.
Aquí entra en consideración el llamado enfoque de género que ha sido muy mal entendido. El enfoque de género tiene que ver fundamentalmente con la posición que la sociedad le da a la mujer y al varón, y eso determina conductas para la mujer y el varón. Cuando hablamos de género, hablamos de conducta, y cuando hablamos de conducta, hablamos de la vida íntima del ser humano y la forma en que cada quien canaliza sus propias situaciones.
¿Cómo debe abordarse la situación?
Hay que hacer una investigación de las características psicológicas, sociales, históricas, políticas y económicas del lugar. El ser humano no es un ente aislado, es un sistema que recoge historias del lugar de donde procede, recoge traumas o satisfacciones que vienen de la época de la más temprana infancia, inclusive desde el propio útero. Hay que entender realmente cuáles son las circunstancias materiales en las que se desenvuelve la vida de esas personas, y a la vez dar tratamiento tanto grupal como individual.
Debemos también aprender a construir hogares más horizontales. Esa idea de que yo soy tu papá y haces lo que yo te digo hay que aprender a desecharla. El padre o la madre deben entender que su hijo, por muy pequeño que esté, es un ser humano y tiene derechos, deberes, pero tropezamos con una cuestión. Panamá no es un país donde hay una cultura clara de los derechos.
Debemos aprender a entender que la cultura de derecho es la única que le brinda sensaciones y sentido de pertenencia a cada persona. Si no comprendemos esto, vamos a estar construyendo hogares basados en un sentido de verticalidad, en la tradición religiosa mayoritaria del país.
¿Tienen las manifestaciones alguna señal de alerta?
La experiencia me indica que sí, pero es más difícil en los casos de salud mental porque no es fácil decir: es mi opinión, aquí se vive de esta forma, yo fui criado de esta forma, a mí me pegaron, pero yo no morí. No moriste físicamente, pero moriste emocionalmente. Lo que sucede es que los padres y madres del tipo tradicional no conocen a sus hijos, no saben qué les interesa, qué les afecta. Debemos aprender a entender que no somos dueños de nuestros hijos, somos el vehículo dador de vida, y si yo lo entiendo de esa manera, yo lo respeto, lo trato como un ser humano, no como un subalterno. Debemos aprender a tener una visión más de conjunto de la sociedad que estamos viviendo y lo que estamos produciendo.
¿Cómo tratar al joven que viene con estos problemas, que vive una realidad muy virtual, pero que está siendo formado por un sistema tradicional?
La educación del siglo XXI debe darle más importancia al humanismo, a los valores humanistas. Nosotros en Panamá construimos lo que un filósofo y sociólogo alemán de los años 60, Herbert Marcuse, trataba en su obra “El hombre unidimensional”, uno de los libros que inspiró en mayo de 1968, cuando los jóvenes de Francia y de otras partes del mundo se rebelaron contra el sistema educativo de la época, que todavía en nuestro país persiste.
La educación en Panamá es un sistema que, con toda la intención, está empeñado en construir un ser humano cada vez más rebajado, cada vez menos inquisidor, menos inquieto, menos ocupado de las cosas que le rodea de su propia sociedad.
El tema de la educación tiene que pasar también por lo queremos construir. En los países avanzados se habla de la competencia humana, el saber ser, el saber estar, interactuar con otros seres humanos, entender a otros seres humanos, respetar a otros seres humanos y aquí en Panamá nos ha llevado, a estar rodeados de personas que son solipsistas. El solipsismo era una corriente filosófica que decía que solamente existía yo. Todo lo demás era una ilusión. Yo podía pasar por encima de usted si me daba la gana. Cuando no hay esa consideración hacia el otro, no existe un verdadero yo. La educación tiene que estar orientada a eso.
¿Se necesita una verdadera revolución?
Totalmente. Y no es solamente decir que hay más escuelas y que le damos una “laptop” a cada persona. Cuando yo creo un ser humanista, lo estoy haciendo más solidario y sensible a las necesidades de las otras personas, a lo que pasa conmigo mismo, reconozco mejor mis afectos, mis emociones y puedo entender la de otras personas.
No es con marchas que vamos a lograr pacificar este país, es construyendo seres humanos que respeten la individualidad de los demás. Tengo que entender que las personas que están fuera de mí también son parte de mi propio yo. Las relaciones que yo construyo con esas personas son parte de mi propio yo. La educación panameña no está encaminada ni así mínimamente a eso.