Los vaqueros cabalgaron erguidos sobre sus monturas hasta llegar al escenario de la competencia que reunió a la crema y nata del deporte del lazo en el territorio nacional, quienes además de buscar los máximos galardones, aprovecharon la ocasión para renovar los vínculos de amistad y camaradería en una actividad que, además de los ribetes deportivos, representa un espacio para la sana convivencia.
Allí no faltaron los aperos, la adrenalina ni la sensación de desafío que representa para los vaqueros encarar sobre sus caballos a las escurridizas reses, en ritual intenso y extenuante.
Pasados los días de la competencia, el equipo anfritrión (Chiriquí Occidente) se quedó con la posición de honor para regocijo de los lugareños y satisfacción de sus representantes.
Cuando cayó la noche se cerró el telón imaginario hasta la próxima temporada en la que, seguramente, los competidores se prepararán mejor para seguir dándole vida a este espectáculo que, de alguna manera, identifica a muchos panameños.