La veo dos veces y no me aburre. Esta película de Joe Black me recordó un film que vi con mi madre en el Excelsior (ya quisiera yo que alguno de mis lectores se acordara del cine Excelsior). El actor, uno de los mejores de su tiempo, Fredric March, también encarnaba a la muerte enamorada. ¿Qué, le parece un argumento descabellado, imposible? Pocos saben lo poderoso que puede ser el amor cuando no aburre.
La película de Joe Black comienza con la muerte del protagonista y termina con la muerte de La Muerte por no poder amar. ¿Es esto una ironía? No, desprendimiento amoroso, si tengo que matar lo que amo, mejor no amo, muero.
Joe Black se desliza por la pantalla y escapa de ella. Ya no es Brad Pitt, ahora es un personaje que se mueve al son de mi pluma, pero conserva lo suyo pues habla por su cuenta: Señor, entienda que la última verdad es la mía y le advierto, soy intolerante, soy incandescente, soy tan implacable como el destino y la porfía…» Lo escucho con las orejas cuadradas. Antes que disfrazar mi brumosa verdad prefiero verla flotando sobre el charco de la duda. Por eso le hablo como si fuéramos amigos. Lo malo conmigo es que no es difícil creer que después de mí no hay nada peor. ¡Qué dianche! ¿Quién no teme lo que ignora?
Y entonces le hablo con todo respeto: Usted, tan bondadosa –aunque su técnica sea arrinconar y obligar a todos a punta de miedo–, seguro entiende mi palabra de traficante, mi trashumante sentimiento, la ausencia de rencor en mi culpa y las áridas promesas que hice a inciertos futuros de cal sin arena. Y, quién sabe, si en filosófico arrebato, buscará en el viento mi figura sin contorno olvidando que soy dos: Yo y mi contradiccción.
Cuando nos encontremos –me contesta–, te prometo, no te importará nada. Ni Joe Black, ni Fredric March, ni el cine Excelsior, nada, ni siquiera la vanidad de una pequeña verdad.
Y yo digo: ¿Y los que se quedan?
No te preocupes, se reirán cuando se acuerden de ti, para eso sembraste tanto chiste. Tu final será sencilo, te confundirán con una cometa descarriada, que moviendo la cola dice adiós al iniciar
su vuelo sin retorno.