En 2003 esa alta casa de estudios había aprobado otorgar esa orden a panameños sobresalientes, y en enero de 2004 la figura elegida había sido Alberto Motta, con quien la UTP ha mantenido una relación especial, y que en el año 2001 se materializó en un programa de becas en licenciaturas relacionadas con la aviación, a un costo que representa la mitad del costo que posee en Estados Unidos. La mitad de los profesores que la imparten provienen de la Universidad de la Florida, y dictan las clases de manera conjunta con profesores panameños. Hasta este año ese programa ha producido 50 nuevos profesionales, 30 de los cuales laboran en una de las empresas de Alberto Motta, la Compañía Panameña de Aviación (COPA).
Pero ese programa era solo uno de los muchos aportes que este conocido empresario había dado a esta, o tras entidades, como lo revelaría durante el acto el expresidente Nicolás Ardito Barleta, quien tuvo la responsabilidad de presentar la hoja de vida del homenajeado.
El acto fue citado para las siete de la noche, y treinta minutos más tarde, cuando una orquesta de salón dio las notas de entrada, se podía tener una aproximación de lo que durante el día había obsesionado a este octogenario hombre de negocios.
Con estola y capa aparecieron en la entrada principal del auditorio del edificio de postgrado siete personalidades encabezadas por el rector del UTP Salvador Rodríguez, seguido de Alberto Motta, el expresidente Barleta, los vicerrectores y el secretario general de la Universidad. Se iniciaba, con vestuario y todo, un rito que había nacido en el medioevo en los claustros europeos, como diría el Rector Rodríguez durante su intervención. Pero no era el rito y la parafernalia lo que nos llamó la atención, sino la modestia con que Motta saludaba a los presentes.
Me considero -dijo- un hombre afortunado al recibir este Doctorado Honoris Causa , y rememoró luego cómo había comenzado su larga y legendaria carrera empresarial, cuando a la edad de ocho años, junto a un amigo, se dedicó a la venta de pastillas y chocolates en Bella Vista. Era su primera empresa que, al decir del expresidente Barletta le dejaba un buen margen de ganancia. También distribuía La Estrella de Panamá, y se ganaba un dólar al día, con lo que se convertía en el joven más rico del barrio.
Eso, una especie de balance de lo que comenzó como un sueño, se transformó en una iniciativa y hoy arroja saldos incalculables, había sido la obsesión del día. ¿Cómo había llegado hasta esa noche de reconocimiento, pese a las dificultades en las que había crecido? Cuando su padre murió Alberto sólo tenía dos años y su hermano mayor Arturo 12, pero la vigilancia de su madre y la unidad familiar férrea fueron los principales activos de una empresa que perdura, según él mismo señaló esa noche.
Fue precisamente una decisión familiar la que lo llevó a Colón por los años 40. La familia necesitaba que un miembro le dedicara tiempo completo al negocio de la Costa Atlántica y el elegido fue Alberto, quien partió hacia allí a regañadientes, sin sospechar siquiera que ese sería su hogar en los siguientes 50 años.
Así que el pasado lunes, durante su condecoración, Don Alberto Motta compartió con los presentes anécdotas y valoraciones sobre los grandes cambios que ha experimentado el mundo, y de los que ha sido testigo y protagonista. Recordaba por ejemplo cómo cuando Motta Internacional, la primera empresa panameña en Zona Libre, comenzó a hacer sus inventarios debió recurrir a las libretas alambradas y a las tarjetas perforadas de la IBM. De cliente en esos años, hoy Motta e IBM integran una sociedad que opera en Panamá, República Dominicana y Centroamérica.
Recordó además que en los años treinta una carta de América a Europa tardaba un mes en llegar, hoy un email toma tres segundo en el mismo recorrido. Era el empresario que ha vivido, descargando comparaciones para asombro de los presentes, como aquella cuando compró en 150 dólares una calculadora que solo tenía cuatro operaciones. Hoy la calculadora que vende Motta tiene muchas funciones y solo cuesta un dólar con 50 centavos.
¿Doctor Honoris Causa? Sí, no solo por su talento sino por las acciones concretas, sino por las empresas inscritas en el desarrollo del país, por las plazas de trabajo que hacen que hoy miles de familias deriven su sustento de esos centros de trabajo forjados por este hombre, que a sus 88 años hace del recuerdo una fiesta y del futuro una meta para conquistar a punta de ambición y empeño.
Es una persona que por su trato, sus ideas, su integridad personal, inteligencia y sagacidad inspira lo mejor en los demás. Su amplitud y sentido de ecuanimidad lo han llevado a contribuir calladamente con su prójimo, con su comunidad, con la educación a todos los niveles como por ejemplo con el colegio internacional del Caribe en Santa Margarita en Colon. Sus grandes éxitos empresariales incluyen Motta Internacional, la primera empresa en Zona Libre de Colón, terminales Panamá, COPA, Ganadería Hacienda Motta, el Banco Continental, Aseguradora ASSA, Desarrollo Costa del Este, Televisora Nacional, Telecarrier .Si continuara enumerando la lista de empresas que ha iniciado Alberto Motta, o en la que ha participado en mayor o menor grado, nos quedaríamos aquí toda la noche, ha resaltado el expresidente Barleta al referirse a la trayectoria de este hombre.
Y recuerda que: para la década de los 70 don Alberto está en plena ebullición creativa, expandiendo sus horizontes empresariales, cívicos y personales lo que ha mantenido hasta nuestros días. Siempre agregando constructivamente al desarrollo y la imagen nacional y a su grupo empresarial.(…) Amplió sus contribuciones cívicas desde la directiva de la Zona Libre en los años 70, época de gran auge de esa institución, hasta la ciudad del saber en años recientes colaborando con todos los gobierno y organizaciones para construir un mejor Panamá. Don Alberto ha sido uno de los panameños mejor conocido en círculos internacionales, al mismo tiempo mientras ampliaba sus vastos horizontes imprimiendo calidad en todo lo que hace ha mantenido aquella fresca imaginación creatividad, sencillez, y actitud positiva y pragmática que demostró desde su niñez. Hombre de genuino calor humano, ha sabido estimular lo mejor en sus asociados, colegas y empleados quienes han crecido con él en experiencia conocimientos y realización profesional y personal.
Pero no solo lo atrae el Panamá internacional, dijo Barletta, sino que con sus hermanos deciden en 1945 incursionar en el Panamá interior, con la hacienda ganadera Motta en Chiriquí, a la cual le sigue dedicando atención hasta el día de hoy.
Para Alberto Motta la vida es constancia y pasión. Hoy apuesta por la tecnología como factor decisivo en el desarrollo del país, al término de afirmar que si hoy tuviera su venta de pastillas y chocolotes, sin tecnología esta sería un fracaso.
La tecnología ha permitido al hombre mejorar su manera y calidad de vida, sostiene, y no oculta esa especie de orgullo que le produce su relación con la UTP.
Cree que quienes estudian hoy allí deben trazarse metas ambiciosas y sustentarlas con constancias.
Desde los primeros días de sus empresas en los años 30 hasta hoy, además de las mencionadas, muchas han sido las creadas, en Panamá y fuera del país, bajo la iniciativa de Alberto Motta, por lo que si de buscar a los constructores de la nación se tratara, sin duda Alberto Motta sería uno de los principales.