A estas alturas Gregg Popovich podría estar pensando en llamar a un capellán, a un chamán mexicano o a un exorcista de demonios, cualquiera sea, con tal de conseguir una victoria en la Caldera del Diablo de Auburn Hills, casa de los chicos malos de Detroit.
Con la serie final por el título de la NBA nivelada a dos triunfos por bando, el técnico de los San Antonio Spurs sabe que mañana, domingo, tiene por delante el reto más difícil de toda la presente temporada.
Ese día se llevara a cabo, en la efervescente arena de los Detroit Pistons, el quinto partido de la serie al mejor de siete juegos.
Lo que parecía un compromiso fácil para los Spurs, luego de arrancar con dos contundentes victorias (84-69 y 97-76) en su casa del SBC Center de San Antonio, se le ha convertido en un camino lleno de espinas.
En su regreso a Auburn Hills, donde se jugarían los tres siguientes partidos, los Pistons rescataron la serie con sendos triunfos de 96-79 el martes y 102-71 el jueves.