Deportes

Su coraje la salvó dos veces de la muerte

Antes era una escéptica, incluso dije que me iba morir sin ver la paz en Colombia, porque estaba segura de que el conflicto iba a durar unas tres décadas más, pero los hechos nos han dicho lo contrario.


Dos horas antes de su regreso a Colombia, Jineth apartó media hora de desayuno-almuerzo para realizar la contraparte de su trabajo: ser entrevistada y así conocer qué la insta a seguir con esa búsqueda de historias de narcos, paramilitares, soldados, traficantes y secuestradores, entre otros integrantes de un desasosiego que ha roto las paredes de un país para extenderse a lo largo de una región.

Jineth: "Creo que no hay mejor profesión que le permita a uno transmitir sentimientos, impresiones, verdades, anécdotas que el periodismo. Siempre me incliné por ese lado, siempre me gustó contar historias desde que estaba en la escuela aunque en esos años no sabía cómo enfocar ese gusto por la escritura. De alguna manera se me dio la oportunidad de estudiar periodismo, y gracias a Dios, me abrió muchas puertas en los medios. Creo tener la satisfacción de hacer lo que me gusta hacer, no todas las personas hacen lo que les gusta y me siento orgullosa de hacer lo que me gusta, me llena como persona y como mujer".

Jineth: "Son circunstancias de la vida. En el año 1995 hacía el programa cultural en una radio Magazine centralista, hablaba sobre eventos culturales, teatro, exposiciones de arte, entre otros. De un momento a otro, mi vida periodística dio un giro. Hubo una convocatoria para ser corresponsal militar. En ese momento ya la situación de conflicto en Colombia estaba en su máximo punto y el ministerio de Defensa decidió capacitar a los periodistas que querían entrar a la zona del combate".

 

Jineth: "Yo obtuve una de las becas. El tema me apasionó, me enganchó, fuimos un flechazo a primera vista. De esos 21 periodistas solamente quedo yo cubriendo orden público. Los demás entraron a cosas diferentes. Uno de los primeros ejercicios que nos tocó hacer fue el de visitar el pabellón de sanidad del ejército, donde están los soldados heridos y mutilados. Escuchar las historias de esos muchachos sin piernas, sin ojos, me marcó. En ese momento decidí que eso era lo que quería hacer".

Jineth: "Cuando terminó el curso me enteré que en una radio necesitaban un periodista que cubriera ejército y fuentes judiciales. Estaba recién salida de la universidad. Me presenté, realicé una prueba y ese mismo día me contrataron. Eso fue en 1996. La primera asignación fue al día siguiente, cubrir una huelga de guardianes de las cárceles. Me enviaron a la Modelo, que tenía 5 mil presos y era una de las más peligrosas del mundo. Llegué allá ingenua, inexperta a cubrir la huelga. Estando dentro de la cárcel hubo un tiroteo y me tocó meterme debajo de un carro, me auxiliaron los que estaban promoviendo la huelga. Cuando se calmó la situación, los entrevisté. Les gustó mi nota y ellos -los carceleros- se convirtieron en mi fuente número uno".

Jineth: "Sí. Cualquier cosa que pasara en una cárcel en Colombia, era la primera periodista en saberlo. Nació una relación muy especial con las cárceles. Cubría ejército y cárceles en una época en que los presos tenían fusiles, eso era una cosa loquísima, hoy ya no, a Dios gracias. Allí conocí a muchos presos guerrilleros que hoy son comandantes de las FARC".

 

Jineth: "Me enredo en el conflicto colombiano con la huelga de las cárceles. Me meto en ese mundo, empiezo a conocer a estos hombres y esta relación marca mi vida personal. Los visitaba dos veces por semana, hablaba con ellos, escuchaba sus historias y llegó el momento en que sentí que tenía que hacer algo por ellos".

Jineth: "Loquísima idea. Se llamó Libre, y salió en 1997. Ese periódico era hecho por guerrilleros, paramilitares, violadores, secuestrados, ladrones; era una experiencia ver a estos tipos escribiendo, tomando las fotos, contando las historias de sus compañeros, organizaban olimpiadas entre las cárceles. Yo iba los martes a darles talleres de escritura, diagramado, edición, fue una experiencia muy linda".

Jineth: "Termina el 25 de mayo 2000, día que me secuestran por primera vez en la puerta de la cárcel. Un mes antes, los paramilitares asesinaron a 27 reclusos de la delincuencia común. Se da la confrontación y le echan la culpa a la guerrilla. La policía entra y saca a los reclusos desnudos, les rompen la ropa y yo decido entrar para conocer la verdadera historia. La gente de la guerrilla me consigue los permisos. Hago el recorrido por la cárcel. Busco las entrevistas. Me di cuenta de que los fusiles con que mataron a los delincuentes fueron vendidos por la policía. Publico esta historia en el periódico El Espectador, y empiezan las amenazas. Luego me llama un jefe paramilitar para decirme que quiere contar la verdadera historia, nos citamos y me secuestran".

 

"Estoy sucuestrada".
Durante el primer secuestro, la periodista pasa 16 horas de atropellos, en las dos ocasiones hubo una cosa en común: la degradación humana. La sacan amarrada de pies y manos, la tiran en el fondo de una camioneta. Le cierran la boca con una pañoleta. No puede respirar. Se da la vuela y se mueve la pañoleta, pero cuando se dan cuenta le refuerzan con cinta adhesiva. Siente ganas de vomitar. No hay por donde vomitar. En ese momento vive el límite de la humillación.

Ahora vienen los golpes.
Jineth recibe puntapies, la abofetean con fuerza, le halan de los cabellos, vuelve a sentir humillación, pero no es una humillación como la anterior, ahora es extrema. Está atrapada entre dos sentimientos: la impotencia y la arrogancia del secuestrador. Cuando la tienen en ese estado de indefensión, ve en sus rostros el poder. Hoy, cuando los recuerda, siente lástima por que deben haber pagado esa arrogancia momentánea.

Un día de secuestro no tiene horas. Se vive en zozobra porque no sabes si te dejarán o te matarán. No les dan comida. Jineth tenía dolor, le recomendaron que esperara que se le pasara. La guerrilla la secuestró la segunda vez en una zona selvática. La llevaron a un caserío. Había más periodistas, vigilada por los guerrilleros. Ante las amenazas de llevarlos selva adentro, pensó en el final: cuando los sacaran por un río lanzarse al agua y morir.

 

Jineth cuenta y escribe esta historia gracias a su celular. Uno de los secuestradores marcó desde su teléfono, así la fiscalía pudo ubicar la zona. Se montó un operativo y los secuestradores asediados por el ejército la dejaron desnuda y amarrada. La encuentran y la llevan a la policía.

En la segunda ocasión, un grupo de personas del pueblo, al saber que el ejército iba a entrar, decide conformar una comisión para hablar con el comandante. Le dicen que si no sueltan a los periodistas, los matarían a todos. El comandante los deja en libertad en medio de la selva.

Colombia avanza, Panamá retrocede en la lucha contra el delito.

La periodista ha estado muy ligada a Panamá por sus investigaciones. El Centro Latinoamericano de Periodismo, Celap, le abre las puertas de esta ciudad para buscar historias, ya no de cárceles. Para escribir el libro, ve que las FARC estaba muy ligada a Centroamérica. La guerrilla tenía sucursales en países para realizar transacciones. Inicia un viaje desde Panamá hasta Honduras, para encontrar esas sucursales. "Se daba uno cuenta de que la guerrilla y el narcotráfico utiliza a Panamá como un sitio de ruta para la negociación", dice.

Cuatro años más tarde regresa, ahora para escribir otra historia, encontrar las rutas hacia México. Encuentra que la situación es peor, constata que el capital de negocios ilícitos ha aumentado, se entera de que existe el secuestro como tal en Panamá, y que ahora hay cosas como el secuestro express, de Colombia, México y Venezuela, ahora lo viven en Panamá. Teme que este país toque los extremos que vivió Colombia. Le preocupa que no haya política del gobierno panameño para evitar que esto ocurra.

Trece historias.
En el libro "En las trincheras del Plan Patriota" narra la campaña militar más grande que ha emprendido Colombia, bajo la administración del presidente Álvaro Uribe con el objetivo de acabar con la guerrilla. Esta obra está llena de historias. Aquí no hace disertaciones sobre la guerra, ni estadísticas ni habla de si se va a acabar la guerra, son historias de colombianos que se matan entre colombianos.

"Son historias de jóvenes que no tuvieron plata para llevar el desayuno a su casa y tuvieron que volverse soldados y guerrilleros. Historias de personas que quedaron en medio de la confrontación, historias de los pilotos que arriesgaron todo por intentar llevar la paz. Cada historia tiene un héroe anónimo".

La idea del libro nace cuando dan a conocer la operación. El comando de acciones militares prohíbe la entrada de la prensa. Ante la prohibición, Jineth busca las formas de entrar, lo consigue por dos años y siete meses, tiempo que duró la operación. Muchas veces le quitaron el material, fue un proceso de negociación. "Creo que esto no se repite dos veces, por eso el libro para mí es tan especial".

Periodismo en decadencia.
Critica la falta de espíritu de investigación periodística en Colombia. Considera que los periodistas esperan que lleguen las noticias por el fax, el reporte ya hecho, nadie tiene la iniciativa de viajar, buscar, confrontar. Muchos colegas son cajas de resonancia de lo que dicen las personas. Viven una vida muy "chévere", pero a costa de ningún sacrificio personal. "Cuando a uno le empiezan a fregar la vida es porque uno está haciendo algo, es porque le está moviendo el corazón y la butaca a alguien, así de sencillo".


fecha edicion
old id
402010
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América