Un día, Lionel estaba con su abuela viendo jugar a sus hermanos. De pronto, faltaba un niño para iniciar la práctica, y la abuela Celia le dijo al entrenador del equipo, Salvador Aparicio, que pusiera a jugar a Leo, que en ese entonces tenía 5 años.
Aparicio le dijo a la señora Celia “que estaba muy chico”, pero posteriormente aceptó que jugará. Ya en la cancha, la primera pelota que tomó, la paró y salió gambeteando, dijo Aparicio, quien quedó asombrado por lo que vio. Se gambeteó a todos y le gritaban, “patea, patea”. Había nacido una estrella.