La primera vez que vi a Edwin fue en Argentina, en la gira que Panamá tuvo por esas tierras, previo al preolímpico de Estados Unidos.
Recuerdo de aquel partido, ante Quilmes, que Aguilar ingresó faltando pocos minutos y no pudo demostrar su casta goleadora, porque venía de una lesión. Sin embargo, su clase pudo apreciarse desde el momento en que se puso en contacto con la pelota.
Con el pasar de los meses, he podido seguirlo con el Tauro, y, por ejemplo, lo vi bajarse de un avión para golear al Sporting. Cosas de alguien comprometido con el juego.
La elegancia de su fútbol es digna de admirar, siempre con la cabeza levantada, impresiona la frialdad con la que define, cualidades propias de un "torero", cuando está a punto de terminar la faena.
Sí, la estirpe y la elegancia de un "torero". Alto y espigado, aptitudes más que adecuadas para el juego aéreo y una picardía que le permite no moverse, sino "deslizarse" por todo el frente de ataque.
La noche del martes, ante Chivas USA, bajaban aplausos desde las tribunas cuando el "diestro" iniciaba su faena goleadora y se complementaba casi a la perfección con el colombiano Escobar.
Aquella noche fue la consagración internacional del Tauro y también la de su conductor: Edwin "El Torero" Aguilar.