La actitud de la Federación Lituana, que, primero, obligó a cambiar el horario de la sesión preparatoria de la selección y, luego, pretendió que el equipo de Luis Aragonés se entrenase en un campo de juego que no reunía las condiciones mínimas exigibles, ha provocado el enojo del técnico y malestar en toda la expedición española.
Los directivos de la Federación Española prefieren hablar de "imprevisión" antes que de mala fe o encerrona, pero tanto Luis Aragonés como sus ayudantes el malestar fue evidente, porque consideran que se ha obstaculizado demasiado la preparación del conjunto español en su primer día en Lituania.
Todo salió mal desde la llegada a Vilna. Primero, los jugadores debieron aguardar más de una hora para poder recoger su equipaje, luego almorzaron sobre la marcha, porque hubo que adelantar el entrenamiento hora y media, por la falta de luz del terreno de juego de la práctica. Y, por último, ni siquiera se bajaron del autocar, al comprobar el mal estado del campo de la Ciudad Deportiva del Zalguiris de Vilna.
"Zalguiris", traducido al español, viene a significar "un bosque verde y frondoso" y poco menos que eso fue lo que se encontraron los técnicos del conjunto español. Un campo muy descuidado, al que se accedía por una "bucólica vereda" llena de margaritas, con las porterías oxidadas, las redes anudadas de forma muy rudimentaria y un terreno de juego lleno de hoyos, en el que el césped, más que natural.
Los jugadores de la selección española consideran que ni el terreno de juego del estadio Zalguiris, ni el frío pueden ser excusas para buscar una victoria, ante Lituania mañana miércoles, que clarifique el futuro mundialista del equipo.
Pese a que desde que aterrizaron en Vilna todo han sido problemas -con las maletas, el horario de entrenamiento y el campo de la práctica- los jugadores españoles no quieren refugiarse en el tópico, ni admiten que los factores externos condicionen su rendimiento.
En ello coincidieron los centrocampistas Víctor Sánchez, Xabi Alonso y Joaquín Sánchez.