El aumento de la esperanza de vida de la población en general, pero en particular la de los adultos mayores en todo el mundo, debe ser tomado como un resultado exitoso para la humanidad. El avance en la tecnología preventiva y curativa de muchas enfermedades, aunado a la baja exposición a condiciones de riesgos, aumentan las expectativas de llegar a la tercera edad en mejores condiciones de salud.
Sin embargo, este buen resultado biológico puede verse opacado si la calidad de vida de las personas de edad avanzada no cumple con ciertos principios mínimos.
Con base en esta preocupación, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en 1991 una resolución que incluye los Principios de las Naciones Unidas en Favor de las Personas de Edad para que los países afiliados los incorporen o adapten a sus programas nacionales de salud.
Para dar más vida a los años que se han agregado a la vida, la ONU recomienda que las personas de edad cuenten con la suficiente independencia sobre cómo y dónde vivir; participen activamente en la sociedad; puedan recibir los cuidados y la protección de sus familias y la comunidad; tengan acceso a recursos educativos, culturales y recreativos que les permitan su autorrealización y así poder enfrentar con dignidad los últimos años de vida.
Bajo dichos principios la misma ONU definió un conjunto de objetivos mundiales para el año 2001 que sirvieran de orientación pragmática a las metas del Plan de Acción Internacional sobre el envejecimiento. Los objetivos se complementan con un breviario en el que se reconoce que las estrategias nacionales deben "concebirse en función de las tradiciones, los valores culturales