A su salida del país, las esperanzas de todo un pueblo estaban con Irving Saladino, un atleta que, a pulso, se ha ganado el corazón de todos. El miércoles, a eso de las 9:45 de la noche, Panamá lloraba, porque uno de sus hijos fallaba en el Mundial de Atletismo que se da en Daegu, Corea del Sur.
Saladino sufrió. En la pantalla de televisión se veía a un atleta que no podía esconder su frustración y la rabia por haberse eliminado, sin haber dado pelea. La fosa de saltos del estadio de Daegu se convirtió en un abismo donde nuestro campeón se hundió en un mundo de derrotas.
Ahora, el panameño tendrá que mirar hacia dentro y hacerse una autocrítica.
En su momento, Nelio Moura, entrenador brasileño de Saladino, dijo a 10 Deportivo: “Todo depende de Irving. Acá (en Brasil) tenemos toda la intención de seguir ayudándolo. Todo depende de su iniciativa".
¿Será que Saladino tendrá que regresar a Brasil para mejorar? Por la experiencia vivida, debe. Sin menospreciar a Florencio Aguilar, fue con Moura con quien Saladino brilló en el salto largo.
Con los 7,84 metros conseguidos en Daegu, el panameño tuvo una regresión notoria en su carrera. Así, el atleta volvió a firmar otra decepcionante actuación en una competencia de gran envergadura, avalada por la Federación Internacional de Asociaciones Atléticas (IAAF). Este (7,84) fue uno de sus peores saltos desde el 2002.
“Saladino: de mal en peor”, tituló el sitio digital www.terra.com.
Otra pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿qué instrucciones le dio Florencio Aguilar? Puede ser que Aguilar le haya dicho que atacara la tabla, aunque pudo haber sido más comedido, y aconsejarle regalar un poco de distancia para clasificar y poder entrar en la final, a ver qué pasaba.