En la parte exterior del área de Los Pueblos 2000 hay un hervidero de gente que se mueve en un vaivén incesante, propio del mes de diciembre. En su mayoría pasan frente a las oficinas de Mi Bus, sin advertir que detrás del cristal hay otro montón de gente desarrollando distintas tareas para consolidar la transformación del sistema de transporte que comenzó hace casi un año.
Iván Posada lleva la batuta en Mi Bus. Hace un alto en su faena para contestar nuestras preguntas con algunas pausas de por medio para atender llamadas que llegan de todas partes, incluyendo el extranjero, las cuales -por lo que pudimos advertir- estaban relacionadas con el servicio que él comanda con la ayuda de cerca de 3 mil personas.

Después que le advertimos que esta es una entrevista de aliento, mira su reloj y pregunta ¿qué tanto?
Le decimos que trataremos de ser breves, pero que al final esperábamos salir de allí con respuestas.
Bueno, una de ellas fue que los panameños deben tener un “poco” de paciencia y que otra tiene que ver con que los buses se están moviendo con la frecuencia planeada, pero sencillamente en esta ciudad uno no se puede mover tan rápido como quisiera, ni detenerse cuando hay chance de avanzar, así que ganemos tiempo y vayamos al meollo del asunto.
Después de casi un año de haberse iniciado el Metrobús, ¿qué balance se puede hacer?
Estamos a más o menos 70% de implementación de la renovación de la flota. Estamos operando poco más de 800 buses, y temas muy importantes que han pasado es que hay cerca de 3 mil panameños con un empleo digno, formal, con condiciones de trabajo mejores a las que pudieron tener antes. Se ha realizado un proceso de formación y capacitación. Se ha reemplazado una flota cercana a los 1100 o 1200 “diablos rojos” por esta flota nueva y estamos en proceso de construcción de siete bases de operaciones que van a estar equipadas con zonas de mantenimiento, de lavado, tanqueo, de capacitación, de esparcimiento y descanso de los operadores, y estimamos que en unos cinco o seis meses podremos terminar la construcción de estas bases.
¿En qué consiste el 30% de lo que hace falta?
Básicamente dependemos del proceso de contratación de operadores. Ese es un proceso que nosotros hemos cuidado bastante. Yo siempre he sido claro en que este es un trabajo digno, interesante y hay muchos panameños que pudieran sacarle un buen provecho y en la medida en que vamos teniendo ese proceso de contratación, vamos implementando nuevas rutas.
¿Cuentan actualmente con la cantidad de operarios que habían proyectado?
Hay circunstancias de desarrollo y crecimiento del país que no son previsibles en la medida en que hay una gran cantidad de empresas y proyectos poniéndose en marcha, como la ampliación del Canal, todas las obras de estructuras, el Metro y la ampliación del aeropuerto; hay mucha construcción y esto genera una situación prácticamente de pleno empleo. Es decir, si bien los índices de medición de empleo de lo que es la realidad indica que estamos en pleno empleo, entonces esa realidad con la que todas la empresas estamos trabajando es que tenemos que competir por el recurso humano. Hay una competencia fuerte, pero claramente nos hemos encontrado con una experiencia muy positiva con las personas que han ingresado y que han persistido dentro de la empresa.
Hay la percepción entre los usuarios de que la mayoría de los operarios de los buses son del antiguo sistema.
¿Eso es así?
No. Esa percepción es falsa. La convocatoria siempre ha sido abierta para todos aquellos que quieran ser parte del sistema sin importar si tenían o no experiencia.
Pero ¿qué porcentaje de los conductores actuales viene de los “diablos rojos”?
Yo creo que está balanceado. Cerca del 45% o 50% son del sistema tradicional y la otra parte es personal de convocatoria externa que había manejado camión, tractor, mula u otros vehículos y que tenía las condiciones para optar por la licencia.
Aparte del aspecto formativo, ¿hay algún régimen de fiscalización para operarios? Hay muchas quejas en ese sentido.
Sí, las hay. Nosotros estamos haciendo seguimiento, reforzamiento del comportamiento positivo, tenemos una premiación a la asistencia perfecta, tenemos un reporte de novedades que vamos presentando, además de que se hace un seguimiento a los buses, a los operadores, y en esa misma medida también se va reforzando la eficiencia y capacitación, porque entendemos que hay un cambio cultural que se va dando tanto en el usuario como en quien brinda el servicio.
¿Cómo ve la empresa Mi Bus la conducta de los usuarios después de un año?
La gente se ha ido habituando. Obviamente hay un punto donde los usuarios manifiestan inconformidad por alguna situación y eso es natural dentro de cualquier transformación de un sistema en el que había ciertos hábitos, a un sistema que implica otros hábitos. Yo he dicho que todo el proceso toma tiempo, en principio hablamos que todo este cambio comercial puede tomar 3 años, estamos en el primer año de operaciones y yo pienso que desde el punto de vista de los tiempos de la industria en cuanto a qué tanto tiempo toma implementar este sistema que tiene la cobertura de toda esta ciudad y que implica modificar el patrón de conducta de cómo se mueve la ciudad, que implica diseñar un autobús, montar todo un régimen de operación diferente con la magnitud que tenemos, en términos de industria lo que hemos hecho en Panamá es muy bueno.
¿Hay asuntos por mejorar?
Obviamente, hay temas que hay que mejorar, ajustar y profundizar en el trabajo nuestro.
¿Cuáles, por ejemplo?
El ajuste de las medidas de control en la vía, el ajuste desde el punto de vista de los temas de la infraestructura que sea soporte de todo lo que es el servicio de transporte de la ciudad, no solo del transporte público. Viene ahora el tema de las paradas y las zonas pagas. A principios del 2012 viene el sistema de recaudo y uso por medio de la tarjeta. Entonces, vienen todos estos componentes distintos al bus que hacen que Metrobús sí sea un sistema de transporte completo y no solo una renovación de flota. Esa es la diferencia.
Los usuarios se quejan de la frecuencia de los buses.
No es un problema de frecuencia. Es un problema de velocidad de la operación de la misma ciudad. Es decir, la velocidad con la cual todos nos movíamos en Panamá bajó, independientemente si vamos en bus, en auto particular o si vamos en taxi. Entonces tenemos que adecuar esta ciudad desde el punto de vista de manejo del tránsito, de planes, gestión, desvíos en los puntos donde hay obras, y nosotros como operador vamos semanalmente ajustando nuestra programación para ir mejorando nuestro nivel de servicio. Probablemente, el usuario no lo percibe de esa manera tan rápido, pero se trabajó muchísimo en mejorar el nivel del servicio.
Para el próximo año se ha anunciado la construcción de muchas obras de infraestructura.
Con base en su respuesta anterior, ¿pudiéramos pensar que la situación será más difícil?
Se trabaja conjuntamente con la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, con el Ministerio de Obras Públicas y con la Policía para poder acoplar la forma cómo se mueve la ciudad y cómo se debe mover en el momento que coincidan todas estas obras que se están teniendo. Viene el tema de los carriles exclusivos sobre la Cinta Costera y el Corredor Sur, hay algunas medidas sobre gestión de tráfico que se han implementado en otros sectores en la ciudad y en la medida que tenemos esa coordinación, el servicio se va percibiendo mejor.
¿Sigue en pie aquello de que hasta fin de este año se verá el último “diablo rojo” en la ciudad y el cambio del pasaje?
Toda la definición de tarifas es un tema que define y está a la cabeza la Autoridad del Tránsito, depende de ellos exclusivamente y de cómo se coordine esa situación con la compañía que hace la administración financiera. En ese tema, que tiene que ver con las tarifas, nosotros somos un poco espectadores, es un tema que lo define la Autoridad.
¿Para cuándo tienen estimado que desaparecerán del todo los “diablos rojos”?
Habíamos apuntado a que fuera este mes, pero hemos tenido estas situaciones no previsibles que nos hemos encontrado en el montaje del sistema, pero yo pensaría que en el primer trimestre tendríamos ya los 1200 buses rodando.
En algunos sectores en las afueras de la ciudad, las calles estrechas son una suerte de dolor de cabeza para los conductores, ¿hay alguna estrategia para enfrentar estos inconvenientes?
Hemos venido operando con cierto nivel de estabilidad. Hemos tenido algunas circunstancias en puntos específicos de la ciudad, pero sí es importante que, como parte del proceso, se piense también en esas barriadas que tienen mucho más población de cuando fueron diseñadas originalmente y se les pueda también proveer de una infraestructura acorde con su crecimiento, con su desarrollo.
¿Pudiera especificar qué puntos en la ciudad son los más difíciles?
Hay varios. En el centro, toda la parte de El Marañón y la Plaza 5 de Mayo, en horas de la tarde, es un punto que es complejo, donde vale la pena pensar un tema de infraestructura; el punto de Multicentro, San Isidro, arriba en Torrijos Carter y Santa Librada, es decir, hay puntos muy específicos. Además de la gestión de las casetas en los corredores, hay varias intersecciones en que vemos que hay un poco de tensión, pero que en la medida que algunas de ellas están contempladas dentro del plan de obras de desarrollo vial, esperamos que se solucione lo más pronto posible.
¿Debemos entender que los modelos de buses que están son los que se mantendrán?
Los 1200 buses que involucran el contrato nuestro son estos y cumplen la tipología requerida dentro del contrato. El Gobierno, en cualquier momento lo puede analizar si se requieren más buses o si de alguna manera conviene trabajar con buses de otro tipo y otro tipo de servicio.
¿Están conformes con lo que han logrado hasta ahora?
Yo estoy muy satisfecho en términos de lo que se ve en la industria del transporte y si uno ve ejemplos de implementación que se han dado en otros países, el trabajo que se ha hecho en Panamá es realmente bueno. Esto no quiere decir que no haya temas que se estén trabajando para mejorar, no quiere decir que sea un triunfalismo, ni decir que este es el producto final, no, porque en términos de servicio no hay productor final porque siempre se puede hacer algo mejor. Lo importante es que aquí en Panamá hemos contado con una autoridad que se ha comprometido con el proyecto, un ministro que ha liderado el proyecto que se ha sacado adelante; se ha entendido y se ha manejado bien el proceso de transición y, obviamente, tenemos que ser un poco pacientes, porque a veces quisiéramos que los cambios se dieran más rápido, pero cambios estructurales, de cultura, de hábitos; creación de un nuevo sector formal de economía toma tiempo y toma reacomodarse y eso es lo que ha sucedido. Es decir, se deja de vivir en la ciudad basada en un transporte público desarticulado y pasa a estructurarse otro sistema y una nueva cultura alrededor de ella. Ese proceso sigue con la estabilización del Metrobús, con la puesta en marcha de los carriles exclusivos, con la puesta en marcha de las zonas pagas, con el sistema de pago y, posteriormente, con el inicio del sistema Metro, con la reorganización del sistema de taxis, es decir, todo está amarrado a una nueva política, a una nueva forma de moverse en la ciudad.