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Thomas Jefferson y la religión

Si los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América hubiesen permitido que su Constitución original tuviera teñida con tintes religiosos, probablemente la historia de ese país y del mundo sería diferente.


El debate permanente entre ciencias naturales versus creencias en entes sobrenaturales se ha encendido en las últimas semanas—al menos en el diario La Prensa—gracias a un artículo del Dr. Xavier Sáez-Llorens sobre su opinión acerca del concepto de Dios. Pienso que es intelectualmente grato aportar alguna adición al debate, sin esperar ganar ni perder nada, escogiendo algún recuerdo histórico de trascendencia hasta nuestro tiempo. Para ello me sitúo, históricamente, en los Estados Unidos de América como lo concibieron sus Padres Fundadores (los 56 signatarios de la Constitución original de ese país).

La Constitución original de los Estados Unidos de América fue adoptada el 17 de septiembre de 1787 por la Convención Nacional de Filadelfia. La conocida Primera Enmienda a tan extraordinario documento político, introdujo, firmemente, la separación Iglesia-Estado o entre la Iglesia y el Estado, que es un concepto legal por el cual las instituciones del Estado y el gobierno nacional se mantienen al margen de todas las instituciones religiosas, sin excepción. A los que se oponen a esta separación se les suele llamar ¨teocratas¨. La Corte Suprema de los Estados Unidos ha mantenido ese principio—tan fundamental para el resguardo de las libertades públicas y civiles—inclusive cuando ha tenido mayoría conservadora.

Uno de los más admirables fundadores de la enérgica Nación del norte, fue Thomas Jefferson (13 de abril de 1743-4 de julio de 1829), y su tercer presidente de 1801 a 1809, principal autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y fundador de la Universidad de Virginia. Intelectual de una vasta cultura en casi todos los campos del saber (a los nueve años de edad ya había estudiado latín, griego, francés, y leía a los clásicos greco-latinos en sus originales), siempre mantuvo una posición y actitud muy firme y clara con respecto a las religiones y a la necesidad vital para el Estado de mantener su separación de todas las Iglesias o sectas religiosas. En sus famosas Notas sobre Virginia, de 1782, escribió: ¨La ignorancia es preferible al error, y está menos remoto de la verdad quien no cree en nada que aquel que cree en lo que está errado”.

 

A pesar de varios intentos de autores sectarios por rescribir la historia para hacer de Jefferson un religioso, casi nada de su filosofía se parece a algo religioso. Aunque él creía en un ¨creador¨, su concepto de éste corresponde al deísmo: Las palabras Dios y Naturaleza son una y la misma cosa. Por su vertiente científica, rechazaba las supersticiones, los esoterismos y misticismos. Consideraba que en la vida de Jesús se puede encontrar una correcta filosofía moral. Amaba el laissez-faire del liberalismo de su época en nombre de la libertad individual. Sentía que cualquier forma de control del gobierno, no sólo por la religión sino también por el mercantilismo individualista, consiste en una pura y simple tiranía.

En una carta dirigida a un amigo, de 13 de marzo de 1789, Jefferson escribió: ¨Nunca he sometido el sistema total de mis opiniones a la aprobación de ningún partido ya sea religioso, filosófico o político. Siempre he sido capaz de pensar por mi mismo y de rechazar todas las infamias del fanatismo y el oscurantismo¨.


 

Si los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, incluyendo al gran Jefferson, hubiesen permitido que su Constitución original tuviera teñida con tintes religiosos, probablemente la historia posterior de ese país y del resto del mundo sería muy diferente. Pero el peligro que alguna religión se tome el Estado sigue latente y cada día, sus mensajeros, se muestran más poderosos económicamente, audaces y prepotentes. Y el principal propulsor de ese peligro es el clientelismo político.


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300150
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América