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Tiempo para vivir


“No podemos matar el tiempo sin herir la eternidad” Thoreau

Cuando todavía no sabía que mi querencia por la lectura se estaba transformando en loco amor por la escritura. Cuando no sabía cuán importante era para mí leer por sabrosura, por entendimiento, por necesidad biológica y mental. Cuando no sabía que un libro podía darme tanta felicidad como un buen coito. En ese tiempo fue cuando se me ocurrió decirle a un amigo que me preguntó qué estaba escribiendo, que tenía un par de cuentos en maceración. Y me preguntó: ¿qué tan importante son para ti esos cuentos? Y yo le dije: bueno, es una forma de matar el tiempo, ¿sabes? Me fusiló con la frase de H. D. Thoreau que uso de epígrafe. Añadiendo que la literatura no puede considerarse como un pasatiempo. En realidad, afirmó, con cierto desprecio en la voz, nada debería hacerse como pasatiempo. La vida es demasiado importante para usar trampas con las que eludir el vivir. Es como si te escondieras del tiempo, como jugarle la pacheca. ¿Para qué? ¿Dejarás escapar esos momentos? Terrible y costosa equivocación. Piénsalo de nuevo y dame otra contestación, me dijo finalmente.

Lo pensé. ¿Era un pasatiempo escribir cuentos? No lo creo. Cada día que pasaba iba afianzándose en mí la idea de que en el futuro (si tenia algún futuro), podría dedicarme a escribir cuentos o lo que fuese. Por lo tanto, si era un proyecto para el futuro, no podía ser un pasatiempo. No puede ser un “hobby” (como colectar estampillas, resolver crucigramas, armar rompecabezas, jugar al solitario, masturbarse o ir al cementerio para burlar el tedio de la vida). Era algo en lo que deseaba retener lo mejor de mi vida, una vez satisfecha la necesidad de ganar dinero para la Cía. telefónica y los supermercados. De golpe entendí que lo que sentía por la literatura era una pasión sin límites, desorbitada, desordenada pero auténtica, y tan pegada a la vida que tendrían que acabarse juntas. Y debo decir que hoy, a mis años, sigo viendo a ambas como deseables con la única desventaja que se esfuman con demasiada rapidez. Si bien no trato de detenerlas, al menos pretendo hacerlas más profundas y memorables. Vivo en el extraordinario mundo paralelo de los libros. Dejo a los políticos su codicia y a Hawkings los gusanos de sus agujeros negros. A mí me basta un par de amigos, un amor obstinado y una biblioteca desbordante para flirtear con la vida.

 

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756393
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América