Usain Bolt no es de este planeta; cuesta creerlo que lo sea.
Bolt vs. Bolt, no hay otra rivalidad: en la final de la Clásica Centuria, celebrada en el Estadio Olímpico de Berlín, otrora bastión de los delirios deportivos de Adolf Hitler, quedó demostrado, de eso quedan pocas dudas.
Cuando la fiera jamaicana se posa sobre la pista, y con sus zancadas nucleares parte hacia el infinito, en busca de lo increíble, de entrar en dimensiones desconocidas, impensables, e implantar récords que hasta el pasado domingo ni siquiera rozaban nuestra imaginación; a los demás (léase Tyson Gay, Asafa Powell, etc.) sólo les queda resignarse, callar, y observar desde atrás, desde muy atrás, cómo esta deidad atlética va desarrollando su aterrador recorrido.
Los 9.58 de Bolt, que hicieron a todo el directorio ejecutivo de la IAAF -que observaba la carrera desde uno de los palcos del Estadio- llevarse las manos a la cabeza, incluyendo al príncipe Alberto de Mónaco, dejó algo muy claro: estamos en tiempos de “superhéroes”, ya no basta con ganar, hay que hacerlo y de forma espectacular si se pretende dejar huellas imborrables en la pista.
Esperanza nacional.
Alonso Edward, la nueva sensación del atletismo istmeño, y que al igual que Bolt es corredor de 100 y 200 metros, lo tiene claro.
Hoy el velocista hará su presentación en sociedad. Su marca (20.00) en los 200 metros es la cuarta mejor de la temporada, pero eso no le garantiza nada.
Como dice su entrenador -Cecilio Woodruff-, “en Berlín, Edward debe hacer su carrera, correr cada prueba como una final”. Pase lo que pase, llegue donde llegue, el “sprinter” panameño, de 19 años, deberá seguir adelante, mirando y trabajando hacia el futuro porque aún le quedará mucho que dar.
Revolucionario.
Bolt ha revolucionado no sólo las pruebas de velocidad, sino también los deportes de pista y campo en general.
Ahora, todos quieren ser como él: hacer lo impensable, lo que no está en el libreto, lo que en esta época no se espera.
Desde el saltador panameño Irving Saladino, que aspira convertirse en el primer ser humano en saltar nueve metros, hasta el vallista cubano Dayron Robles, pasando por el fondista etíope Kenenisa Bekele, quieren ser como Bolt: el hombre de las hazañas inolvidables.