Por primera vez en los últimos cuatro años, el estadounidense Tiger Woods no tiene que defender ningún título de los torneos más importantes del circuito de golf, pero llegará esta semana al Abierto Británico como uno de los más serios aspirantes a quedarse con la gloria.
Hace unos días ese podría no haber sido el caso. El número uno no tuvo una buena participación en los dos primeros grandes torneos de la temporada y no terminó entre los tres puestos más altos en los últimos torneos del circuito de la PGA.
Pero Tiger, que cambió la historia del golf desde que pasó al profesionalismo en 1996, volvió a encaminar su presente con la victoria en el Abierto del Oeste, en las afueras de la ciudad de Chicago.