Las últimas decisiones que Tiger Woods ha tomado dan a entender que su consigna de cara al futuro está lejos de converger con el refrán que reza “más vale malo conocido que bueno por conocer” y que está dispuesto a hacer cambios drásticos en su entorno con tal de revivir su carrera.
La temporada pasada, el golfista rompió con su entrenador, Hank Haney, y a mediados de este año abandonó IMG, la empresa que lo había representado hasta ahora y con su apoderado, Mark Steinberg.
El miércoles, el 14 veces ganador de “Majors” sorprendió al prescindir de los servicios de su “caddie”, Steve Williams, quien fue su compañero de batalla durante 13 años y con quien celebró más de 70 triunfos alrededor del mundo, siendo su mano derecha en las buenas y en las malas.
Williams capeó la tormenta que estremeció a Woods cuando, en el 2009, se descubrió que había mantenido varias relaciones extramatrimoniales, situación que, aunada a las lesiones, ha alejado al deportista de las canchas -este año desistió de participar en el Abierto Británico- y ha mermado su desempeño -lleva casi 20 meses sin saber lo que es ganar y se encuentra en la posición n.° 17 de la clasificación mundial-.
Como es de esperar, Williams no está feliz con su despido. ¿Y no se le puede culpar o sí?
"Tiger me informó que necesitaba hacer un cambio. Después de 13 años de leal servicio, no es necesario decir que estoy conmocionado. Dadas las circunstancias a lo largo de los últimos 18 meses, trabajando durante el escándalo, con un nuevo entrenador y con Tiger peleando contra las lesiones, estoy decepcionado de acabar nuestra relación en este momento", dijo Williams.