La proclamación del equipo de los Mavericks de Dallas como el nuevo campeón de la NBA puso punto final a la temporada del 2010-2011 y ahora el mejor baloncesto del mundo es toda una incógnita en cuanto a su futuro como modelo económico y de gestión dentro del deporte profesional estadounidense.
Mientras en Dallas todo es celebración y en Miami, donde los Heat se dejaron arrebatar el título de campeones, tratan de recuperarse de la frustración de la derrota y de no culpar al alero LeBron James como el único responsable de su derrota, en las oficinas del comisionado de la NBA, David Stern, la actividad es frenética.
Stern y su equipo son conscientes de que si no hay un acuerdo para la firma de un nuevo convenio colectivo, la competición de la próxima temporada peligra.
Los dueños ya han dejado muy claro en todas sus reuniones y el propio Stern lo ha manifestado públicamente, que el actual modelo económico que rige la NBA no puede mantenerse, de cara a la firma del nuevo convenio colectivo.
La distancia en las posiciones entre los dueños y los jugadores es demasiado grande como ha quedado demostrado en las negociaciones previas sobre un nuevo contrato colectivo que sustituya al actual que finaliza el próximo 30 de junio.
Cada una de las partes asegura que tiene la intención de llegar a un acuerdo mediante la negociación, pero a la vez denuncian que no existe esa voluntad real. La mayoría de los jugadores asegura que los dueños tienen todo listo para un cierre patronal unilateral si no hay un nuevo convenio, siguiendo el ejemplo del colapso laboral que existe actualmente dentro de la Liga Nacional de Fútbol Americano.