No se puede jugar así con la ilusión de un pueblo; no podemos permitir que aquí vengan más técnicos vendedores de ilusiones y se vayan fracasados como si nada.
Es hora de hacer un alto, reflexionar de una derrota que ha tirado al traste nuestras pretensiones de clasificar por primera vez a un mundial de mayores. Sé que el golpe es duro, y que cuesta reponerse de algo así. Sin embargo, si queremos lograr algún día algo, debemos trabajar con humildad, sin aires de grandeza ni de superioridad contra nosotros mismos, algo que vemos permanentemente en dirigentes, técnicos, jugadores, periodistas, fanáticos… ojalá que este fracaso traiga algo positivo para el 2014.
No sé cuánto tiempo tendrá que pasar para ver una generación tan brillante como ésta… si son cuatro, veinte o cuarenta años, solo pido que los dirija un técnico sensato y dirigentes que no se pongan vendas en los ojos a la hora de enrumbar un camino visiblemente torcido.