Escasas horas antes del inicio del partido de semifinales del Mundial Corea y Japón, toda Turquía, cubierta por banderas rojas, rezaba y confiaba en conseguir una victoria sobre Brasil que le abría las puertas de la final del campeonato, hasta que finalizaría con una victoria mínima para los sudamericanos.
El primer ministro turco, Bulent Eceveit, ordenó que el día miércoles fuese declarado fiesta nacional para que todo el pueblo pudiera ver en televisión el encuentro, y autorizó a los funcionarios públicos a no asistir al trabajo.
“Incluso si me iría a la oficina, no trabajaría. Nadie fue a trabajar. Hablamos todo el tiempo de fútbol y de la selección. Ya teníamos nuestras banderas”, confesó en Ankara un funcionario del Ministerio de Finanzas.
El funcionario finalmente se presentó a primera hora de la mañana en su oficina de la Administración con una bandera en la mano y otra colgada de los hombros, dispuesto a ver el partido junto a sus compañeros.
La compañía estatal de textiles “Sumer Holding” distribuyó de forma gratuita entre la población decenas de miles de bandera en las principales plazas y calles del país, para que tiñan de rojo la nación en caso de victoria.
Los turcos viven desde hace varios días despreocupados de los problemas políticos con sólo dos únicos pensamientos en la cabeza: el sueño casi quimérico de lograr su primera Copa del Mundo, y el ansia de revancha sobre Brasil, que los derrotó con un penalti injusto en el primer partido de ambas selecciones en el mundial. Ambas cosas, finalmente no se dieron tras la victoria de los brasileños por 1-0 con tanto marcado en la segunda parte por Ronaldo.
“Normalmente he creído que el fútbol era el opio que utilizaba el Gobierno para dormir al pueblo. Ahora es una especie de dolor asesino. Sufrimos una grave crisis social y económica, pero el fútbol nos ha dejado una especie de felicidad pasajera que creo que es buena”, explicó Unsal Oskay, profesor universitario de Sociología.
Hasta el serio y adusto presidente turco, Ahmet Nezdet Sezer, se había sumado a la euforia y había anunciado que viajaría a Japón “para presenciar la final”.
Brasil llegó a la final de la Copa Confederación, pero perdió por 4-3 contra la anfitriona México.
Ronaldo también sabe lo que es marcar un gol a Alemania. Ocurrió en el amistoso de Stuttgart (Alemania) el 25 de marzo de 1998, partido que finalizó con el triunfo de Brasil por 1-2.
De aquel partido quedan como “supervivientes” en este Mundial los alemanes Hamman, Ziege y Bierhoff y los brasileños Cafú, Roberto Carlos, Rivaldo, Denilson y Ronaldo.
El comentario de aquel partido dice que Ronaldo liquidó a Alemania en el minuto 88 con un contragolpe mortífero.
Brasil abrió el marcador en el minuto 27 por medio de Cesar Sampaio; empató Kirsten en el 65 y Ronaldo cerró el marcador.
El partido fue muy intenso, como demuestra que el árbitro, el inglés David Ellaray, amonestó a Ziege, Hamman, Helmer, Dunga, Denilson, Aldair, Roberto Carlos y expulsó a Kohler, por roja directa tras una dura entrada a Cafú, y a Dunga por dos amonestaciones.
Toda Turquía de rojo confiaba en triunfo histórico
“Incluso si me iría a la oficina, no trabajaría. Nadie fue a trabajar. Hablamos todo el tiempo de fútbol y de la selección. Ya teníamos nuestras banderas”, confesó en Ankara un funcionario del Ministerio de Finanzas.