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Todo iba bien hasta que...

En algún momento de la semana pasada manifesté públicamente mi complacencia por dos hechos que se dieron de manera simultánea.

Egbert Lewis
Egbert Lewis

En algún momento de la semana pasada manifesté públicamente mi complacencia por dos hechos que se dieron de manera simultánea.

Por un lado, estaba la buena nueva de que varios inversores panameños habían emprendido una expedición hacia Kentucky (EE.UU.) con el propósito de comprar caballos. Los reportes, que ellos mismos se encargaron de difundir, gracias a la inmediatez de las redes sociales, son realmente promisorios.

El segundo acontecimiento que animó la esperanza en mí fue que después de muchos meses (cuidado más de un año, incluida la Serie del Caribe) no se presentaba una cartilla tan vistosa como la que vimos los pasados tres días, incluyendo dos clásicos.

 

En ambos temas tienen especial protagonismo los dueños de caballos. Primero, porque, pese a que parecen nadar contra la corriente y que el horizonte se ve gris, siguen invirtiendo de manera valiente. Comprar caballos de carrera implica una ilusión, pero también un sacrificio, por lo que independientemente de lo que pueda opinar el resto de la humanidad, ser dueño de caballos -especialmente en Panamá- requiere un alto grado de heroicidad.

En el tema de las carreras y el contenido del Programa Oficial, igualmente es crucial la cooperación de los dueños. Ojalá impere siempre el entusiasmo y desprendimiento para que se les "puedan hacer carreras" a todos y como consecuencia, todos tengan las mismas posibilidades.

He dicho que la pieza angular de la hípica son los dueños de caballos: sin ellos la rueda no se mueve.

 

Ahora, al final del camino el "negocio", la posibilidad de recuperar lo invertido o el tratar de perder menos dependen del comportamiento de las apuestas.

Es ahí donde entran otros elementos en juego que, al igual que los dueños de caballos, deben cumplir su rol cabalmente.

Como dijimos, la programación correspondiente a las reuniones 120, 121 y 122 estuvo excelente, pero hubo una pequeña zona gris sobre la cual debo volver, porque esos detalles son los que vuelvan aguas cualquier fiesta.

 

Veamos: Si la Oficina de Control de Establos expide un salvoconducto que permite el "reintegro" de un animal a las instalaciones del hipódromo, seguidamente comienza su entrenamiento y los cronometristas empiezan a llevar el control de su desempeño; luego la Secretaría de Carreras acepta su inscripción, sale en el Programa Oficial y pasa la fiscalización veterinaria, entonces ¿cómo explican que seis horas antes de la carrera se decida excluir a dicho ejemplar de las apuestas, supuestamente para proteger a los apostadores? ¿Por qué no lo hicieron desde el día que confeccionaron el Programa Oficial?

A algunos "cabecicalientes", por no calificarlos de otra manera, se les ha ocurrido que los caballos que vienen de una larga para no son dignos de apuestas a su favor.

Será que los aprontes son mentira, que el examen veterinario es bufo o que la Secretaría de Carreras acepta inscripción a lo loco. Cosa distinta es que el caballo no tenga ejercicios y presente una disminución drástica de peso.

 

Tenemos años de estar viendo y apostando carreras desde EE.UU. todos los días y a cada rato se observan caballos con uno y dos años de inactividad en el Programa.

El hípico panameño es quizás el más informado del mundo. Contamos con un extraordinario Programa Oficial, hay más de 10 pronosticadores, varios programas radiales, una hoja de aprontes diaria y otra con el resumen general de cada caballo que circula los días de carreras; además, todos nuestros equinos asisten a un examen previo en el que también se lleva una registro de su peso corporal.

Entonces, dejémonos de mojigaterías y que cada cual decida su suerte como mejor le parezca.


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1044609
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América