Machu Picchu, la Ciudad perdida de los Incas, hoy es escenario de una inusual ceremonia de jura en la que el ya presidente, Alejandro Toledo, agradecerá a los Apus (dioses andinos) su llegada al poder.
Toledo seguirá con respeto y devoción los ritos incas, durante la asunción simbólica que se efectuará en la plaza principal de la también denominada Ciudad de las Nubes, y que rompe con el protocolo en los tradicionales actos de transmisión de mando en Perú.
Al menos cuatro o cinco jefes de Estado confirmaron su asistencia a la exótica toma de posesión de Toledo en el departamento del Cuzco, tras su participación en los actos oficiales previstos para hoy en Lima, en la sede del Congreso.
El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, será uno de los asistentes a este místico acto, en el que el mandatario peruano encabezará un ritual de agradecimiento a los “Apus” y la Pachamama (madre tierra).
El acto será dirigido por dos “sacerdotes” incas que encarnarán los pobladores cusqueños Nazario Turpo y Aurelio Carmona, quienes sorberán “chicha” (bebida de maíz fermentado) y la escupirán a los cerros como en los antiguos rituales religiosos del Imperio Inca.
Además, la ceremonia “de pago” a los Apus contará con la presencia de 14 súbditos del Inca que tocarán los tradicionales “pututos” (especie de cornetas andinas) para dar comienzo al espectáculo.
Los sacerdotes pedirán permiso a Toledo, a quien sus seguidores consideran el nuevo “Pachacutec”, para prender fuego a una gran ofrenda destinada a los dioses, consistente en una manta multicolor amarrada sobre la cual habrá semillas, cebo, flores y azúcar.
Según la tradición inca, el humo llegará hasta el infinito, donde se dice están las divinidades.
“Pachacutec” está considerado el verdadero creador del Imperio del Tahuantinsuyo, al que condujo hacia el apogeo, y por sus obras fue tildado como “el más grande hombre que la raza aborigen de América haya producido”.
Los organizadores de la ceremonia no han confirmado aún cómo irá vestido Alejandro Toledo a Machu Picchu, aunque se prevé que no deberá desentonar con el sentido milenario e incaico que se le quiere dar al acto.
Sólo una cámara de televisión grabará las incidencias de la ceremonia, que durará al menos una media hora.