Hace algunos días conversaba con un colega sobre un mal que, según he observado hasta el momento, ha sido la constante en varios de los equipos que participan en este torneo nacional juvenil. Ese mal es la falta de un cuerpo de lanzadores fuerte.
En aquella ocasión coincidimos en que la falta de una mejor preparación es la causa principal de este problema, ya que los lanzadores, a diferencia del resto de los jugadores, requieren de un entrenamiento especial para fortalecerse. Especialmente en sus piernas, las que deben darle a los serpentineros el impulso necesario para hacer buenos envíos al montículo cada vez que trabajen.
Por tal motivo, considero que los equipos deben hacer mayor énfasis en ese aspecto para evitar que veamos más partidos con muchas anotaciones que, en mi humilde opinión, hacen que los juegos sean monótonos y eso le resta brillo al espectáculo.
Es momento de que se trabaje mucho en la formación de los lanzadores, a nivel nacional. Panamá está por ir a un Mundial Juvenil y se necesita un “pitcheo” fuerte para poder competir.