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Trémula llama (Para “Míster” Endara)

“Mil potros trotan cielo arriba / con las crines al viento enrojecidas” Sinán


El cuadrado edificio era una mole sentada en la manzana entera. El desquiciado azar, o los incendiarios vengativos, quisieron que el fuego sólo consumiera sábanas, sillas, gorras, melocotones y juguetes. No querían carne humana chamuscada. ¿Será eso un paliativo, una condena reducida para los culpables que nunca fueron atrapados, o una medalla blanca para ese azar tan villano, tan inocente?

Lo más irónico de este fuego es que era vecino de un cuartel de bomberos. No hablamos de un cuartel cualquiera, sino del principal, donde se sienta el Comandante y almuerzan entre chistes sus oficiales. Es la casa matriz del agua y santuario de los camisas rojas; un cuartel de alarmas y hachas, de hombres con esqueletos de mangueras. Vaya osadía la de ese fuego.

Una llamita titubeante, digamos trémula que es más poético –tal como sucede con la mayoría de los fuegos–, traviesa y andarina, empezó este caluroso asunto. ¿Dígame qué o quién fue el culpable, un corto circuito, un largo cigarrillo, un fósforo Parrot, una manía infernal?

 

En menos de tres estornudos, los bomberos llegaron al frente, por la avenida Perú. Conectaron sus carros a los hidrantes y un operador se posesionó de las válvulas. Ardía la esquina Sureste y hacia allá enfilaron las corbas del agua. Las llamas respondieron al ataque sacando lenguas de oro con peluca azul. Se burlaban. Encontraron eco en la otra esquina, y luego en la otra, y después en la otra. Bailaban y cantaban las llamas por las cuatro esquinas. ¿Habrá alguien tan ingenuo que se atreva a decir que el fuego fue accidental?

¡Demonios de fuego luchaban desnudos contra chorros de ángeles. Flores carmesí, menéandose sin viento, al son faramallero del calor. ¡Ah, si estuviera aquí don Manuel de Falla!

Suenan las sirenas. Órdenes brincan como aullidos. Un bombero pretende entrar al infierno. Lo detienen. «¿A quién vas a salvar, a una bicicleta, a un frasco de perfume?»

 

La noche se engalana con la luz del fuego. Es la mejor iluminación de todos los tiempos. Pregunten a Nerón. El resplandor del cielo es un relumbrante casco de guerra suspendido sobre la cabeza del edificio. Huele a sindéresis, a cristales rotos, a humo de alacranes.

Llegan carros de refuerzos. Lo que no consume el fuego lo destruye el agua. «¿Qué quieres?, es mi deber.» Declara el líquido bajo presión.

Al fin, llamas en retirada se esconden bajo los escombros.

 

Remueven un gato achicharrado.


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509595
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América