La ausencia de Irving Saladino del Mundial de Valencia es una decisión sensata que a la vez nos tranquiliza.
Porque Saladino no es de acero, no es un hombre de hierro, tiene derecho a sufrir igual que otros atletas.
Inteligentemente no va a tierras españolas, porque primero es Beijing, para él, para su entrenador y por supuesto, para todos nosotros.
La concentración y el esfuerzo que realiza un saltador es grande, son deportes de alto rendimiento donde en pocos segundos se vive un estrés, un desgaste y un esfuerzo increíble.
En Río de Janeiro presenciamos cómo, con un solo salto, Saladino llegó cansado a atender a los medios de comunicación.
Es cierto que crea un clima de preocupación en todos los que seguimos fielmente su carrera, porque nunca, en las últimas décadas, en este país el atletismo fue tan importante como ahora.
Saladino es inteligente y sabe escuchar consejos de quienes realmente lo aprecian.
Se perdió una jugosa bolsa de 40 mil dólares al ganador, pero para nuestro “Canguro” de seguro eso es lo de menos.
Se pierde una batalla, pero no se ha perdido lo más importante, los Juegos Olímpicos, la revancha de Irving, donde todos queremos que esté.
Hoy nuestro espacio no habló nada de fútbol, esto sólo lo hace algo superlativo. Y Saladino lo es. Panamá entero lo quiere. Estamos contigo. Cuídate mucho, Irving. Salud.