Es cierto, los brasileños suelen tener dificultades para la organización. Pero son estupendos anfitriones y una potencia mundial en baile y alegría.
Con un espectáculo carnavalesco, Río de Janeiro despidió el domingo los primeros Juegos Olímpicos realizados en Sudamérica. Y aunque hubo brasileños que sintieron "saudade" y pidieron que la llama olímpica no se extinguiera, es seguro que muchas personas respiraron aliviadas cuando esta finalmente se apagó.
La austeridad y la emotividad distinguieron el último festejo olímpico en Río, que también se caracterizó por la riqueza de su música y sus bailes. Así, se puso el cerrojo a unos juegos que dejaron de manifiesto la capacidad de los brasileños para sacar adelante unas justas dignas pese a todas las adversidades.
"Fueron unos Juegos Olímpicos maravillosos en una ciudad maravillosa", dijo el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, ante la aclamación del público.
Rio deja también una enseñanza para las futuras ciudades que quieran albergar los Juegos, comenzando con Tokio, que ha recibido la estafeta.