Si usted es de las personas que han ido a Tailandia por las playas increíbles, la vida nocturna, las magníficas atracciones culturales, o las interesantes selvas y elefantes, pero en ese ir y venir se ha enamorado de su capital, ya no tiene que sentirse raro. Los lectores de la revista Travel & Leisure han seleccionado a Bangkok en 2008 como la Mejor Ciudad del Mundo para visitar. Esa selección se basó en criterios tales como atracciones, alojamiento y comida, seguridad y salubridad, transporte, y costo.
Similar a Panamá, Bangkok tuvo una época controversial: en los años de la guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses eran trasladados allí para sus días de vacaciones. La hasta entonces tranquila ciudad era conocida como la Venecia asiática, por los canales por donde navegaban sus tradicionales botes largos, llevando pasajeros desde el río Chao Praya. El boom económico asiático de la década de los 80 impulsó un rápido y desordenado crecimiento: los rascacielos nacían y crecían sin control; cada día entraban en circulación 500 autos; y por primera vez la contaminación vino a afectar la salud y la calidad de vida. Con la repentina caída económica asiática de los 90, el país cayó en una recesión que dejó decenas de rascacielos abandonados a medio construir, pero limpió el aire y permitió que las autoridades ordenaran la ciudad.
Los tailandeses dicen que la economía está todavía resentida, pero el país sigue siendo el mayor exportador de arroz a nivel mundial, fabrica autos, y más parecería ser que el crecimiento está controlado. El Reino de Tailandia recibió 14 millones de turistas internacionales en 2007, la mayor parte entrando por el nuevo y enorme aeropuerto de Bangkok. La gran mayoría se queda varias noches en la ciudad antes o después de visitar al interior o las playas.
Casi todo el turista que visita el país sale encantado con la gente: la tierra de las sonrisas, dice, verazmente, la propaganda oficial. Tailandia es mayormente budista, y muy tolerante con los extranjeros y con otras religiones y conductas. Uno hasta puede ver travestis en trabajos normales vestidos de mujer sin que la gente ni los mire dos veces.
La ciudad y sus áreas adyacentes totalizan unos 10 millones de habitantes. Desde 1999, opera un metro elevado, apodado Skytrain, y desde el 2005 un modernísimo tren subterráneo con estaciones climatizadas. En sus vagones se muestran vídeos de Ricky Martin y Cristina Aguilera, mientras bajo el monitor de vídeo contrasta un asiento marcado "ofrezca este asiento a monjes (budistas)".
La mayoría de los tailandeses vive fuera de esa zona, y usa el eficiente sistema de buses, que incluye unos muy económicos y otros muy cómodos con aire acondicionado. Hay tres opciones de transporte selectivo: taxis climatizados, equipados con taxímetros; motos en que el pasajero, con un casco prestado, ocupa el asiento trasero; y los llamados tuk-tuks, plataformas con asientos adosadas o tiradas por motos. Las avenidas y autopistas son anchas y bien diseñadas. La autopista que pasa cerca del aeropuerto tiene un tramo elevado de decenas de kilómetros de largo.
El río Chao Praya sigue siendo un eje de transporte. Tres líneas con barcos de unos 100 pasajeros tienen rutas establecidas, parando en los muelles flotantes principales en ambas márgenes, mientras otras naves se limitan a cruzar entre muelles específicos. Taxis acuáticos actúan como tal o dan tours por el río y los canales. Los mejores paisajes urbanos se ven desde el río, y la mayoría de sus maravillosas atracciones están a poca distancia.
Los habitantes cuentan con preciosos, extensos y bien cuidados parques pasivos, además de parques de diversiones y un zoológico. La mayor parte de la población de clase trabajadora vive en casas pegadas unas a otras, accesibles desde las calles por estrechos callejones que se recorren a pie y en moto. Los más acomodados viven en mansiones o departamentos cerca del centro.
Las aceras de las avenidas retan al peatón por su gran número de puestos de venta: artículos pirateados, ropa, variedad de frutas y comidas, arte y artesanía. Entrada la noche, los vendedores desaparecen, y por arte de magia aparecen una pequeña estufa rodante, mesas y sillas a ocupar media acera por 4 ó 8 metros: un restaurante improvisado pero sabroso. En algunas áreas, las aceras fluyen con gente y las sillas están llenas de comensales casi hasta el amanecer.
Las mayores atracciones culturales son: el Gran Palacio Real con su fastuoso templo Wat Phra Kaew; el templo de mosaicos y torres Wat Arum, a la orilla del río, cuya fundación precedió a la creación de la ciudad; el Museo Nacional; el gigantesco Buda reclinado de más de 40 metros de longitud; y el Buda en oro, que sobrevivió al saqueo de una invasión hace 300 años ocultado bajo una capa de yeso. En algunas atracciones hay salones en que para entrar se requiere quitarse los zapatos, al igual que en las residencias tailandesas. El visitante puede disfrutar de bailes clásicos acompañados por música tradicional en algunos teatros y restaurantes.
Aunque desde el reino de Rama IV, el de la película "El rey y yo", ha habido gran influencia europea en el país, Tailandia ha sido casi la única nación asiática que nunca ha sido colonizada. En el siglo XIX y principios del XX, todos sus vecinos eran gobernados por Gran Bretaña, Holanda, Francia, España o Portugal. Este hecho, junto con la corrupción de muchos gobiernos civiles, ayuda a la imagen positiva que tiene la familia real en el país. El día de cumpleaños del rey Bhumibol, ya octogenario, es cuando celebran el día de los padres. Hasta en el cine hay que ponerse de pie cuando proyectan antes de la película algún vídeo mostrando obras reales con música de "Larga vida al rey".
El centro tiene varios distritos turísticos y comerciales. En el área llamada Plaza Siam, donde se cruzan las dos líneas del Skytrain, se concentran los centros comerciales más grandes y lujosos. Algunos, como el nuevo Siam Paragón, alberga un Ocean World en su sótano y rivaliza en lujo con los "malls" de Dubai. El 3er piso lo ocupan salas de exhibición de autos de lujo, como Lamborghini, Alfa Romeo y Rolls. El "mall" más visitado es el MBK, de nueve pisos: 12 salas de cine; casi medio piso de puestecitos de comida tailandesa, donde se come increíblemente bien por menos de tres dólares (de los de 2008); otros pisos con secciones dedicadas a tipos específicos de mercancía vendida en puestos pequeños; medio piso de servicios bancarios; un hotel; y una docena de salas de internet y videojuegos. ¿Qué no hay? ¡Pues no hay que salir para nada!