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Un dip de cangrejo

Esto es la nivola, esto es la leyenda, esto es la historia, la vida eterna” Unamuno, Niebla


La peor jugada que me puede hacer una novela, o cualquier escrito que caiga en mis manos, es advertirme de salida: “todo lo que aquí se dice es pura ficción”, y añadir sin pudor: “cualquier similitud con hechos y personajes de la vida real es pura coincidencia”. Recuerdo que con tales advertencias se protegían las grandes peliculeras como RKO Pictures, Warner Bros., Columbia, Universal, 20th Century Fox y la Metro Goldwyn Mayer. No querían enfrentar demandas. Hay por ahí tal multitud de gringos, de todos colores, de todas las categorías y con todas las manías, que siempre cabe la posibilidad de que alguno se parezca al muchacho o al bandido de la película. Pero, ¡que un libro tenga que defenderse así! Es lo último que leo de él. Lo cierro inmediatamente y a otra cosa. ¿Por qué se le ocurre a un autor darle esta inesperada estocada a su lector? ¿Será temor a que sus personajes sean confundidos por entes “reales” cuyas fuerzas y poderes lo acosarían? O, tal vez, prefiere separar sus dos personalidades: una, la del hombre verídico que sólo se mueve en la realidad; y la otra, la del inventor de fábulas, la del soñador que nos cuenta sus sueños. Vaya usted a saber. ¿Quién soy yo para juzgarlo? Pero, ¿quién es él para hacerme leer algo que de salida me dice que no sólo no existe sino que es mentira?

Yo también vivo en dos mundos, quizás más de dos. En uno, el de los libros, me entrego a la palabra escrita; en el otro, el de los sentidos, me entrego a eso, a los sentidos y un poco a la palabra hablada. A los dos les otorgo igual crédito.

Hace algún tiempo, abrí un escrito con la advertencia: “El parecido de mi personaje con uno que anda por ahí, no es pura coincidencia.” No eran ganas de fregar la paciencia, los dos eran tal para cual.

 

Pueden estar seguros de que lo que digo en mi columna no es cuento, es tan real como la nivola de Unamuno: “el lector no tolera que se le saque de su sueño y se le sumerja en el sueño del sueño, en la terrible conciencia, que es el congojoso problema. No quiere que le arranquen la ilusión de la realidad.”

Mi mujer me llama: «¿Quieres probar el dip de cangrejo?»

Bajo enseguida, camino de lado, soy un cangrejo.

 

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642594
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América