Los padres fueron los protagonistas principales en la despedida de la delegación de Olimpiadas Especiales, que partió ayer rumbo a Shangai, China, para participar en los XII Juegos Mundiales de Verano.
Lágrimas, caras de tristeza y temor era lo que reflejaban los rostros de las personas que se encontraban en una de las salas de espera del aeropuerto.
Ver a sus hijos subir por primera vez a un avión, que los llevaría al otro lado del mundo, donde permanecerán casi quince días, no es algo fácil para ellos.
El día para los atletas especiales inicio ayer desde temprano.
La primera actividad del día fue tomar un buen desayuno y la realizaron en los dormitorios del INDE, en el cual pasaron la última semana concentrados, esperando el momento del viaje hacia Shangai.
Luego, pasaron a recoger las maletas y los objetos personales que llevarían al aeropuerto.
Después de varios minutos de espera, los entrenadores dieron la señal para que ordenadamente los atletas salieran del recinto para abordar el bus; mientras los padres los veían y les tomaban fotos desde una esquina.
Cuando arribaron al aeropuerto, habían muchos padres esperándolos para despedirse de ellos.
Los atletas se convirtieron en la atracción del día, pues nadie se esperaba que fueran tantos.
Los entrenadores acomodaron a los atletas para que pudieran posar todos juntos, mientras los padres trataban de besar y abrazar a sus hijos.
Finalmente, cuando los organizadores culminaron los trámites que les permitiría abordar el vuelo 2190 de American Airlines, los padres se aglutinaron en la salida para desearles buena suerte a sus queridos atletas.
Un "hasta luego" cargado de emociones
La delegación de Olimpiadas Especiales se despidió en el aeropuerto con sonrisas, besos y abrazos de sus familiares y amigos.