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Un hecho entre sueños y espuma


El concepto de una Casa del Escritor tiene varias connotaciones. En principio, es un organismo de base para sistematizar la formación de escritores y desarrollar propuestas culturales que favorezcan a todos los géneros literarios. Es un espacio para que los escritores realicen tertulias, encuentros, recitales, foros de discusión sobre temas y problemas de la literatura.

Cuando la directora general del INAC, María Eugenia Herrera, anunció, en la toma de posesión del Consejo Nacional de Escritores este año, que dentro de la Ciudad de Las Artes se crearía la Casa del Escritor Panameño, estaba marcando la historia al cumplir con el artículo 7 de la Ley 14 de 7 de febrero de 2001 que crea dicho Consejo; en este artículo, una de las funciones del Consejo es promover la Casa del Escritor.

Son buenas noticias que demuestran que hay voluntad de parte del INAC I de promover y fortalecer el escenario que tiene que ver con las letras y el pensamiento panameño, y pueden ser mejores si los escritores se suman para apoyar el proyecto. Al mismo tiempo, un macro proyecto como lo es la Ciudad de Las Artes, permitirá que el sector cultura respire salud y dignidad; que sea operativo y funcional; eficiente para la gestión cultural.

 

Los primeros intentos de tener una Casa del Escritor se remontan a inicio del 2000, cuando el Consejo Nacional de Escritores elevó una carta a las autoridades de las áreas revertidas solicitando un edificio para este proyecto. No sé si culpar a la indiferencia o la insensibilidad, pero la solicitud fue negada. Hoy, un sueño en el presente parece hacerle justicia al pasado que se desvaneció como la espuma.

No hace falta decirlo, pero lo diremos: desde la cuestión ética, la Casa del Escritor debe ser un equipamiento cultural que permita la construcción de la ciudadanía y la democracia desde el arte. Los intelectuales, independientemente de su mezquita ideológica, tienen un contrato social tácito con la cultura; no con la política partidista. Digo esto, porque todos sabemos que los vaivenes de la política siempre atentan contra las cosas nobles que deja determinado gobierno. No me hagan dar ejemplos.

Si le tocó a este Gobierno tomar la decisión de hacer una Casa del Escritor Panameño, en el futuro esto debe respetarse y el Consejo Nacional de Escritores deberá tomar medidas legales para que así sea. También el que vaya a administrar esta Casa no puede ser cualquiera que no sea un escritor. Y este escritor o escritora (para no herir sensibilidades de género) debe ser una persona que no haya olvidado la nobleza de la literatura y sus valores.

 

El estado de los equipamientos culturales de un pueblo demuestra la visión de país y de desarrollo cultural que tiene un Estado. Esperamos que no se quede todo en promesas. Con este gesto, el INAC hace historia en las letras panameñas. Para cerrar, quiero terminar citando a Eduardo Galeano: “Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría”. Estoy lleno de alegría y esperanza, y lo quise compartir en este texto.


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676513
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América