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Un ícono de la paz se palidece

En octubre de 2009, cuando la silla presidencial todavía olía a nuevo y a Barack Obama se le conocía más por la elocuencia que por sus ejecutorias,


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

En octubre de 2009, cuando la silla presidencial todavía olía a nuevo y a Barack Obama se le conocía más por la elocuencia que por sus ejecutorias, el comité de selecciones de la Fundación Nobel lo distinguió con el premio que esta entrega a quienes representan los valores de la paz como la no violencia, la tolerancia y el respeto mutuo, entre otros.

El otorgamiento del Nobel de la Paz al primer presidente afrodescendiente de la hasta hoy principal potencia política del mundo, se fundamentó en “sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Además se informó entonces, Obama tenía la “visión de un mundo sin armas nucleares”.

El anuncio del premio fue recibido por la comunidad internacional con algo de sorpresa y mucha indiferencia. En ello se percibía -como ha pasado casi siempre- un tufo a complacencia, pero nadie hizo un problema de ello.

Después de cuatro años, resulta irónico ver que Obama, el flamante Nobel de la Paz, esté liderando una iniciativa bélica que va en contravía a su vocación de “fortalecer la diplomacia internacional”.

Nadie en su sano juicio puede justificar lo que está sucediendo en Siria, mucho más cuando, como en toda conflagración, quienes más sufren son los débiles, incluyendo a mujeres y niños.

Tampoco es admisible el empleo de armas químicas, cuando existen normas y acuerdos entre las naciones sobre su empleo, por las consecuencias que ello implica.

Las imágenes dantescas que ha filtrado la prensa internacional aunado a la manifestación de los dignatarios de la ONU en el sentido de que la información que se ha recogido in situ son “abrumadoras”, pudiera impulsarnos a creer que lo conducente es que “se castigue” el régimen sirio, como lo anunció Obama al solicitar una "intervención militar limitada".

El punto es que podemos saber dónde y cuándo comienza todo, pero el final puede demorar en llegar y el remedio puede resultar peor que la enfermedad.

La prudencia con la que han actuado algunos aliados de EE.UU. sobre el tema son un indicativo de ello, sin dejar de lado los cálculos políticos que siempre hay de por medio.

En cuanto a Obama, no debiera dejarse llevar por los impulsos y tener presente que, bien o mal, él representa un ícono de la paz.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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