Es todo muy confuso en lo que respecta al momento que vive Rolando Escobar.
Los dimes y diretes entre el club y el jugador cada vez se parecen más a aquellas novelas de Venevisión.
Esas en las que siempre aparece un hijo perdido cerca del final del cuento.
Acá lo que no se sabe es por dónde viene la sorpresa.
Al haber hablado con “El Talentoso”, se siente un poco de temor de parte del jugador, propio de alguien que no la está pasando bien en territorio extraño.
Conozco esa sensación, he tenido oportunidad de sentirla.
Es como si todo un entorno atentara contra uno, y uno es tan vulnerable, simplemente porque no está en su terruño.
Puedo imaginar la presión que debe sentir al no terminar de resolver su desvinculación de un club representativo de un país, que tiene por cabeza al propio Hugo Chávez. De ahí para abajo, todo está algo torcido.
Con ese temor, propio del sometimiento, es hasta entendible y respetable que el futbolista no se atreva a hablar.
Esperemos a ver lo que tenga para decirnos Rolando, cuando los bozales sean liberados y las rejas sean abiertas.
Hablaba con él ayer y pensaba en aquellas fincas de algodón, donde los mulatos trabajaban durante la guerra civil estadounidense. Todo muy oscuro, muy chueco.