Las Vegas es la ciudad más importante de Nevada, en Estados Unidos, y probablemente el centro de entretenimiento y juegos más grande del mundo. Pero para el panameño Celestino “Pelenchín” Caballero es la ciudad perfecta para esculpir una promesa de nocaut que vociferó a los cuatro vientos, una vez fue despojado de un triunfo legítimo en Mendoza, Argentina, el 2 de julio del presente año.
Hoy Las Vegas es, al igual que 10 Deportivo, fiel testigo del mar de sudor y sacrificio que entrega todos los días “Pelenchín” con tal de volver a lo más alto del boxeo mundial.

Y es que hasta Las Vegas llegó 10 Deportivo para comprobar de primera mano que el excampeón del mundo está entregando alma, vida y corazón en este nuevo objetivo dorado, que es el de destronar por la vía del nocaut al campeón pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), el argentino Jonathan Barros, el próximo 14 de octubre en el Estadio Luna Park, en Buenos Aires, Argentina.
“Todos saben que yo le gané claramente a Jonathan Barros. Por eso es que me he prometido noquearlo”, expresó Caballero, mientras hacía sombras en el Mayweather Boxing Club, hogar donde entrena nada más y nada menos que el popular Floyd “Money” Mayweather Jr.

Trabajo intenso.
El reloj marcaba más allá de las 12:00 m.d. y la temperatura estaba a 45 grados centígrados, muy por encima de lo habitual en Panamá. Sin embargo, esto no era impedimento para que “Pelenchín” agarrara la soga y saltara por espacio de quince minutos.
“Yo no he venido a pasear a Las Vegas. Yo estoy acá porque quiero volver a ser campeón del mundo y aquí tú serás testigo del trabajo serio y fuerte que realizo de lunes a sábado”, dijo el orgullo de Colón. “Los que entrenan en este gimnasio lo hacen de una manera fuerte y seria. Esa es la regla en este gimnasio y la persona que no lo hace de esta manera, simplemente se va, no le queda de otra”.

Metrallas poderosas.
“Pelenchín” estaba listo para guantear. Según el plan elaborado por su entrenador principal, el norteamericano Jeff Mayweather, serían 10 asaltos de guantes. Pero lo que observaríamos a continuación no sería el mismo trabajo que estamos acostumbrados a ver en Panamá. Lo que se venían eran intercambios de metrallas poderosos con gladiadores por encima de las 155 libras de peso.
Guantes en manos y protector en la cabeza, “Pelenchín” estaba listo para fajarse con un boxeador de 165 libras de peso. Al principio la tarea no fue fácil, pero a medida que iban pasando los asaltos, “Pelencho” demostró su capacidad castigando la parte media de su rival. El plan rindió frutos porque al finalizar el quinto asalto, el “sparring” no quiso continuar.

“Este muchacho pega durísimo y es fuerte”, dijo el boxeador al bajarse del ensogado.
El reemplazo llegó enseguida. Al frente tenía ahora un púgil de 156 libras de peso, pero con mucha mayor movilidad.
Al igual que con el primero, “Pelenchín” no dio marcha atrás y lanzó fuertes bombazos, manteniendo siempre la defensa arriba. Fueron otros cinco asaltos de trabajo arduo, que dejaron a propios y a extraños con la boca abierta porque no podían creer la capacidad del panameño al enfrascarse contra dos rivales de mayor fortaleza.
“Esta es la pelea de mi vida y por esa razón es que entrego mi vida en el gimnasio. Sé que lo que hago en el gimnasio me servirá muchísimo en mi pelea. Tengo que ganar por nocaut y sé que lo voy a lograr”, comentó Caballero al bajarse del cuadrilátero, tras haber cumplido los 10 asaltos.
Puños al máximo.
No pasaron ni cinco minutos cuando “Pelenchín” se dirigió hacia el saco. Al instante, la furia de sus puños hicieron explosión.
“Muchos piensan que ‘Pelenchín’ está paseando en Las Vegas. Tú eres testigo de que trabajo duro. En esta ocasión, Jonathan Barros no se me escapará, te prometo que lo voy a noquear”, precisó.
Mientras castigaba con mucha fortaleza el saco, la memoria de Caballero volvió a aquellos minutos antes de subirse al ensogado en Mendoza, Argentina.
“No pude noquear la primera vez a Barros porque no tenía fuerzas para rematarlo. Ellos me hicieron comer a las tres de la tarde, porque me dijeron que la pelea era a las diez de la noche, y no fue hasta la una de la madrugada que subí al cuadrilátero”, explicó el peleador de 35 años. “Subí débil y esa fue la razón por la que no lo pude noquear. A pesar de ello, lo tumbé dos veces. Ellos me jugaron sucio, pero ahora Dios me ha dado la oportunidad para que cambie las cosas y así lo voy a hacer”.
Cierre de poder.
Cinco minutos más de soga y una variedad de ejercicios para trabajar la parte media del cuerpo cerraron la rutina de trabajo. Habían sido dos horas y media en el gimnasio y el excampeón mundial lucía tranquilo.
“Este es el trabajo de lunes a sábado. Corro en la mañana por espacio de una hora y media, y luego cierro fuerte en el gimnasio. Con esta rutina, Barros se arrepentirá de que me hayan robado la pelea la primera vez porque el castigo que le daré el próximo 14 de octubre jamás lo olvidará”, dijo.