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Un plato a lo Saladino

“¡No te yergas, que vas a romper el cielo!” Demetrio Herrera Sevillano


El papá de Saladino tiene respuestas tan saltarinas como lo pies de su hijo. En lo espontáneo de ellas se da uno cuenta de lo auténtico que es ese señor. Solamente una vez, antes del salto dorado, hablando con su hijo, pareció titubear sobre lo que tenía que decir. Entonces fue Saladino quien lo volvió a su cause de franqueza reclamándole cariñosamente: «¿Qué pasa, papá?, estás hablando conmigo, tu hijo». A mí se me quedó revoloteando en la mente una de sus respuestas. Fue cuando el sagaz profesor Turner lo sorprendió con: «¿Qué le prepararán de comer a Saladino a su regreso a Panamá?» Sin siquiera aclararse la garganta, contestó: «Un plato a lo Saladino».  

¿Cómo es un plato a lo Saladino? Pienso en torrejitas doradas.

Dejémoslo llegar, tal vez nos dejen asomarnos, a través de la temeraria cámara de televisión, a la mesa de los padres más orgullos y felices de Panamá. A ellos no habrá que recordarles que mientras más amor pongan en la mesa, más regio será el banquete.

 

Yo daré un brinco en mi artículo. Lo hago con la intención de que llegue a quien pueda hacer realidad una descarada solicitud: Las zapatillas que usó Saladino para ganar la medalla de oro (supe que se cambió varias veces) deberían reposar en el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. En realidad, más que su donación, soñaría que el pueblo de Panamá, a quien él dedicó su triunfo (y por tal razón tenemos todo el derecho a compartir su orgullo y su gloria) hiciera una monumental colecta y se las compráramos (¿por qué siempre queremos todo gratis?). De verdad creo que no deben estar en ningún salón de la fama del deporte (por si acaso ya la pidieron nuestros dirigentes deportivos). No, señor, esas gloriosas zapatillas, así como también alguno de los cinturones del campeón Durán, deben ser exhibidas en el más importante de nuestros museos.

Para cuando salga esta columna, seguro que ya le dieron a Saladino las llaves de la ciudad (con profusión de fotos), y alguna de nuestras magníficas condecoraciones (con otra buena tanda de fotos). Acepto de buena gana que estas inocentes pompas no son pecados. Son tan humanas y sabrosas como el plato que comerá Saladino a su regreso. ¡Provecho!


fecha edicion
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402013
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América