Catorce años después de elegir entre el deber y lo que quería, Olga Guardia Zeledón, asistía a un reencuentro con la danza. Desde que su amiga Gayle Parmelle, Directora del Delta Festival Ballet de New Orleáns la había invitado a uno de sus ensayos, no había dejado de preguntarse cómo sería ese momento.
Era abril de 1972, y aun cuando una brisa fresca de primavera imperaba en la capital del Estado de Lousiana, la arquitectura dominante en el sector tradicional de la ciudad, el componente humano muy parecido al de su país y una sensación conocida desde la infancia, hizo que la joven panameña percibiera la calle Broadway como la antesala de sus primeros años.
La danza había sido su vida desde muy niña, cuando sus padres la llevaban a la Academia de Ballet que había fundado en Panamá Gladys Pontón de Heurtematte, una pionera entusiasta y audaz, que terminó por llevar al Istmo, en 1944, el ballet ruso del Coronel de Basil.
Pese a ese despertar precoz, y que al cumplir los 18 años el profesor Erick Bruhn le dijo a sus padres que ella estaba lista para bailar como una profesional, sobrevino la elección entre la danza o una carrera universitaria, y para sus progenitores la última opción era sagrada.
Así que esa tarde, más curiosa que sorprendida, llegó hasta el estudio donde ensayaba el Delta Festival Ballet bajo la dirección de Gayle, se sentó en una banca, silenciosa y distante, a observar al grupo. El salón era amplio, con grandes espejos rectangulares y con una atmósfera clásica que subyugaba.
Bajo las notas idílicas del Cascanueces, Olga fue asimilando primero el uno/dos en la barra, el centro y el balance; luego el adaggio, el pettite alegro y el grande alegro. Después el Lago de Los Cisnes, y entonces Giselle, su preferida. Fue copada de tal manera, en cuerpo y alma, que no se dio cuenta en qué momento dejó la banca y se sumó a los ejercicios. Gayle, que se percató del embrujo, la miró satisfecha y le lanzó una sonrisa de bienvenida.
El reencuentro no marcó, sin embargo, su retorno a la danza, pero si reafirmó una entrega total que se transformó en devastadora tres años después, cuando, en junio de 1975 llegó a New Orleáns el Ballet Bolshoi de la entonces Unión Soviética.
Fue una noche de sueños y fantasías realizadas, que la dejó sometida a una especie de rendición incondicional, según dijo a Semblanzas recientemente. Después de una actuación aplaudida reiteradas veces, Olga esperó a los bailarines a la salida del teatro, los felicitó entusiasmada y se fue tras ellos para verlos bailar todas las veces que pudo, durante todas las presentaciones que hicieron esa vez en cuatro Estados de Norteamérica.
Una panameña que en las últimas cuatro décadas se ha convertido en un puente entre dos mundos. Ha jugado un importante papel en los intercambios culturales entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética, en cuanto a ballet se refiere, tal cual lo demuestran las muchas dedicatorias y agradecimientos de las principales figuras del Bolshoi.
Fue una labor tenaz desarrollada en plena guerra fría, que implicó teléfonos intervenidos y seguimientos, hasta que quedó claro que a ella sólo le interesaba el ballet.
Pero igualmente gratificante, porque de esa labor surgieron relaciones y amistad con exponentes clásicos del ballet ruso como Vasiliev Maximo, Maximota , Bessmetrova, Lavrovsky, Lieph y Semeniaka, entre otros.
Hija del Ingeniero Carlos Alberto Guardia Jaén y la Nicaragüense Olga Zeledón de Guardia (nieta del prócer Benjamín Zeledón), reside en New Orleáns desde 1965, casada con James Smoak, un exfuncionario de la Contraloría de Estados Unidos. Y es hermana de la escritora y periodista, varias veces galardonada, Gloria Guardia Zeledón de Alfaro.
Hizo sus ochos grados de primaria en el Colegio de Las Esclavas, los estudios secundarios en el Roycemore Schooll de Chicago y en la Universidad de Vassr, en Nueva Cork, obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras con especialización en literartura. En Chicago hizo estudios de danza con profesores del Ballet Real Inglés.
En la Universidad de Panamá hizo un postgrado en Psicología, de Literatura, en la Sorbona de París, y de Historia de la Danza, en Moscú.
Es actualmente Secretaria General del Consejo Internacional de la Danza UNESCO/USA, además de Presidenta de la Conferencia Internacional de Ballet de New Orleáns, dicta la Cátedra sobre Historia de la Danza en la Universidad de Loyola y es representante oficial de la Competencia Internacional de Ballet de EEUU.
Asesora artística también del Ballet de California y de Luxemburgo, y representa a varios artistas del Bolshoi, del Kirov, del Ballet de Boston y San Francisco, entre otros.
Las amplias conversaciones sostenida con el autor de este artículo permitió recorrer la forma como Olga se convirtió en un apoyo inseparable del Bolshoi y de sus principales figuras para presentaciones y finalmente residencias en Estados Unidos.
OGdeS: No lo podían creer, y tampoco tenían el presupuesto enviado por los rusos. El director de la TV de New Orleáns decidió acercarse a Washington, que a su vez consideró que la TV de New Orleáns era muy pequeña para la empresa. Alguien sugirió darle el proyecto a la TV de Pittsburg, pero su director estimó que el ballet por si solo no le atraería una audiencia significativa, así que propuso hacer una hora de circo, otra del Volga y otra de otra cosa, lo que cambiaba la propuesta original presentada a los rusos. Desplegamos toda una serie de contactos y relaciones, pero al final no fue posible pasar la serie.
OGdeS: Surgió en junio de 1975, después de una excelente presentación del Bolshoi en New Orleáns. Los esperé a la salida y entablé conversaciones con algunos de sus integrantes, les dije lo extraordinario que me había parecido la presentación, y luego los seguí a Chicago, San Luis y Nueva York, y poco a poco se fue forjando la relación. En Nueva York los artistas jóvenes expresaron su interés por lograr algunas entrevistas, y pese a que se establecieron los contactos no fue posible porque no había traductor de ruso. Allí me dijeron: la próxima vez que te veamos debes estar hablando ruso. Y añadieron que a la compañía de ballet había que verla en Moscú.
Fue una invitación fraternal y para Olga el gusanillo de ir hasta la entonces capital soviética. ¿Cómo hacer?. Una amiga le sugirió buscar patrocinio en la televisión. Entre 1965 y 1972 Olga había sido traductora en la Corte de Estados Unidos y mantenía igualmente contacto con la televisión estatal de New Orleáns, la Public Televition (PVS). Su amiga le propuso ofrecerle a esta última una serie artística sobre el Ballet Bolshoi.
OGdeS: La presenté al Director de la TV de New Orleáns, y el la acogió, una propuesta de cuatro series, cada una de una hora. Era una oportunidad no solo para presentar la serie en EEU, sino para conocer cómo se entrenaba la compañía en su propio país, algo que muy pocos conocían. En marzo de 1976 llegué a Rusia por mis propios medios y recursos. La TV de New Orleáns había anunciado mi llegada al Ministerio de Cultura, establecí contactos con mis amigos y se me permitió ver de cerca todas las funciones. En mayo de 1976 los rusos nos hicieron saber que aceptaban la propuesta. Enviaron un presupuesto bajo de 200 mil dólares por las cuatro horas que presentaríamos. Ellos daban permiso para filmar hasta 20 horas y luego las editaríamos. Querían una coproducción, que se hiciera una labor conjunta. Consideraron que la propuesta de la Televisión estatal era educativa y cultural, no comercial. Coincidió además que en ese año de 1976 se celebraban los bicentenarios de la Nación Americana y del propio Ballet Bolshoi.
OGdeS: El deseo mío era probar que sí había suficiente público para un proyecto como este. Que se podía, a través de las academias de Ballet, entusiasmar a suficientes personas. Es allí donde surge Dwight Grell, un camarógrafo que trabajaba en New York en la construcción de un archivo de ballet y a quien las autoridades rusas le habían permitido hacer algunas filmaciones del Bolshoi. Él tenía buenos archivos de la compañía, vino hasta New Orleáns, y juntos visitamos muchas academias que reaccionaron positivamente y determinanos seguir con el proyecto aun sin el patrocinio de la TV estatal.
La persistencia de Olga la llevó a Paris en febrero, marzo y abril de 1977, donde se presentaba el Bolshoi. Instalada en un apartamento en la Ciudad de las Luces, junto James, su esposo, a Grell, camarógrafo y una chica que tomaba fotografías, con la aprobación de la compañía, pudieron entrar a todos los ensayos, estar tras bastidores, ver todas las clases y filmar todas los espectáculos. Yuri Grigorovich, director del Bolshoi les acogió calurosamente y se puso a su disposición.
OGdeS: Para mi era como un espejismo, como un cuento de Hadas. Hacía algo que con mucha dificultad lo podían hacer otras personas. Sentía que se me habían abierto unas puertas que no se la abría a mucha gente. En aquella ocasión el Bolshoi realizó una presentación sin parangón. Presentaron Giselle, Iván el Terrible, Leyenda de Amor, la Cenicienta, Don Quijote y Espartaco.
OGdeS: De la parte soviética yo no sentí nunca ninguna actitud, y al regresar a Estados Unidos tampoco percibí ninguna sospecha. Mi actividad era estrictamente cultural.
En 1977, tras sugerencia de Yuri Grigoroich y la madre de uno de los bailarines del Bolshoi, Olga gestionó la presentación de pares rusos en Estados Unidos. Ya había antecedentes, de parejas que lo habían hecho en Italia, y Olga les preguntó entonces cómo se podía lograr esto. Conocido los trámites, llevó la propuesta al director del Delta Festival de New Orleáns, quien la acogió entusiasmado. El 29 de octubre de ese año se presentaron Natalia Bessmertnova y Mihail.
OGdeS: En esa ocasión presentaron el segundo acto del Lago de los Cines, el tercer acto de Don Quijote, y el Espartaco, que para aquellos años no lo bailaba nadie que no fuera ruso. Natalia y Mihail llegaron solos, "sueltos de madrina" como diríamos entonces, con varios días de anticipación para aclimatarse. En New Orleans se dieron cita críticos de distintas partes de Estados Unidos, y el público agotó todas las entradas antes de la fecha. Hubo fiestas y homenajes para esa pareja, aplaudida hasta el delirio, pero lo que para mi fue mi especial fue la espontaneidad con que dijeron que a partir de esa fecha yo sería su representante. Era 29 de octubre, día de mi cumpleaños, y lo asumí como un gran regalo.
OGdeS: Entre 1978 y 1979 organizamos grupos de profesores y estudiantes norteamericanos para asistir a Moscú. En 1978, cuando se comenzó a organizar la Competencia Internacional de Ballet en Jackson, Misissippi, los visitantes fueron polacos, checos etc. En diciembre de ese año llevamos un grupo de 29 personas, procedentes de New York, Londres y New Orleáns, pero en 1979 fue imposible materializar la visita de un grupo ruso a Estados Unidos, porque había estallado el conflicto de Afganistán.
Jaime Ingram en Moscú
OGdeS: Muchos. Por ejemplo en 1980 estuve en el Concurso de Barna, Bulgaria, ya había entrado en el grupo de jurados y encontré talentos de Ucrania y Latvia, a los que les prometí traerlos a Estados Unidos en la primera oportunidad. Hoy todos trabajan aquí. Entre 1982 y 1983, en el concurso de Chaikowsky entre en contacto con el ministro de Cultura de Georgia, de la manera más interesante. En el concurso vi. una bandera panameña entre los jurados, y el representante resultó ser Jaime Ingram, mi primo, quien me presentó al Ministro de Cultura a Georgia. Ese fue el camino hacia Edward Schevarnadze, entonces jefe del Partido en esa República. Le hablé mi interés cultural, y mirándome me dijo que estaba muy viejo para saber quien le decía la verdad y quien no. "Lo que Usted quiere para Tbilisi es algo muy bonito", me dijo y se inició también una intensa labor cultural con ese país.
OGdeS: El Ballet es un arte que necesita un apoyo casi imperial para presentarse como se debe. Se puede presentar de manera más modesta y llegar al alma, siempre y cuando existan buenos profesores. Es una antorcha que se va pasando de gran profesor a gran profesor, de gran coreógrafo a gran coreógrafo. En EEUU, en los últimos 20 años, la técnica ha avanzado muchísimo, precisamente por la infusión de profesores serios que han venido de Europa. La Danza Moderna comienza en parte en EEUU, pero también en Alemania, y también con el Rito de Primavera de Niyinsky. La danza moderna no se puede especificar tanto ni definir tan precisamente como el Ballet. La danza moderna de Europa me llena más porque es más intelectual. En Francia tiene el apoyo del goier5no francés. Los países nuestros tienen la gran antorcha de Cuba. Cuba tiene una de las mejores compañías del mundo, gracias a Alicia Alonso. Ella lo hizo así, con gran seriedad, trayéndose grandes profesores y ellos producen los mejores bailarines hombres. Además de los rusos, los mejores bailarines hombres son los cubanos.. En el ámbito de la danza clásica China ha estado surgiendo últimamente, hoy en día la escuela china es extraordinaria.
OGdeS: Yo estoy dispuesta a hacer cualquier esfuerzo a través del INAC para ayudar a Panamá. Yo le he hecho labor a Canadá, Venezuela y estoy a las órdenes de mi país .
Un puente entre dos mundos
El Ballet es un arte que necesita un apoyo casi imperial para presentarse como se debe. Se puede presentar de manera más modesta y llegar al alma, siempre y cuando existan buenos profesores. Es una antorcha que se va pasando de gran profesor a gran profesor, de gran coreógrafo a gran coreógrafo.